La Conferencia Episcopal de Costa Rica pidió condiciones dignas en las cárceles, atención al hacinamiento y mayores oportunidades de reinserción para las personas privadas de libertad
La Conferencia Episcopal de Costa Rica lanzó este martes un amplio llamado para mejorar las condiciones dentro de las cárceles del país y advirtió que la construcción o ampliación de infraestructura penitenciaria, por sí sola, no resuelve los problemas que enfrenta el sistema.
El pronunciamiento fue divulgado este 23 de setiembre, en el marco de la Semana de las Personas Privadas de Libertad y la celebración de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la población penitenciaria.
Los obispos sostienen que una persona no pierde su dignidad por encontrarse en prisión y señalaron que garantizar la seguridad pública y respetar los derechos humanos no son objetivos contrapuestos.
La Iglesia rechazó expresamente la tortura, los tratos crueles, la humillación y la discriminación dentro de los centros penitenciarios. Al mismo tiempo, aclaró que defender la posibilidad de reinserción no supone justificar los delitos cometidos.
El mensaje también coloca sobre la mesa la situación de las víctimas y sus familias, para quienes reclama protección, verdad, justicia y reparación.
“Creer en la posibilidad de comenzar de nuevo no significa justificar los delitos ni desconocer el sufrimiento que han causado”, señala el documento.
No basta con construir más cárceles
Uno de los puntos centrales del pronunciamiento está dirigido directamente a las condiciones en las que permanecen las personas recluidas.
La Conferencia Episcopal solicitó a las autoridades garantizar atención oportuna para la salud física y mental, alimentación adecuada, higiene, seguridad y asistencia espiritual para quienes voluntariamente la soliciten.
Además, pidió prevenir y atender el hacinamiento y las diferentes formas de violencia que puedan producirse dentro del sistema penitenciario.
Los obispos reconocen que ampliar la infraestructura carcelaria puede ayudar a enfrentar algunos de estos problemas, pero lanzan una advertencia: construir nuevos espacios no es suficiente.
Según el pronunciamiento, también debe analizarse bajo qué condiciones vivirán las personas en esas instalaciones, el trato que recibirán y las oportunidades que tendrán para prepararse antes de regresar a la sociedad.
Trabajo y estudio para volver a empezar
La Iglesia considera que la educación, la capacitación y el trabajo representan herramientas esenciales para reducir las barreras que enfrentan quienes recuperan su libertad.
Por ello, pide fortalecer las oportunidades laborales y educativas dentro y fuera de las cárceles, así como acompañar a los excarcelados en la búsqueda de empleo, el reencuentro con sus familias y su reincorporación a las comunidades.
En este esfuerzo, la Conferencia Episcopal señala que existe una responsabilidad que debe ser asumida conjuntamente por instituciones públicas, organizaciones sociales, comunidades y empresas.
“Recuperar la libertad no debería significar encontrarse con todas las puertas cerradas”, establece el documento.
Respaldan trabajos comunitarios
El pronunciamiento también destaca positivamente los programas que permiten a privados de libertad realizar labores como limpieza de calles, mantenimiento de espacios públicos y otras tareas comunitarias.
Según los obispos, este tipo de actividades puede ayudar a recuperar confianza, generar vínculos con la sociedad y facilitar posteriormente la reinserción, siempre que se desarrollen bajo condiciones dignas, con acompañamiento y seguridad.
La Conferencia Episcopal también plantea que el combate contra la criminalidad no puede limitarse únicamente a aumentar los controles.
El documento sostiene que la prevención requiere oportunidades de educación y trabajo, protección para niños y jóvenes y apoyo oportuno para las familias, además de instituciones y comunidades capaces de prevenir situaciones de exclusión y violencia.
Piden no estigmatizar a las familias
Otro de los llamados está dirigido a evitar que los familiares de las personas encarceladas, especialmente sus hijos, sean objeto de rechazo o señalamientos por los delitos cometidos por sus seres queridos.
La Iglesia también reconoció el trabajo del personal penitenciario y de quienes brindan atención profesional, humana y espiritual dentro de las cárceles, para quienes solicita formación, apoyo y condiciones adecuadas de trabajo.
Paralelamente, los obispos instaron a parroquias, sacerdotes, religiosos y laicos a fortalecer el acompañamiento a privados de libertad y sus familias, no únicamente mediante visitas ocasionales, sino con programas de apoyo, capacitación y generación de oportunidades de empleo cuando recuperen su libertad.
“Su vida importa y no están solos”
El documento cierra con un mensaje directo a quienes permanecen en prisión.
“Su vida importa y no están solos”, manifiesta la Conferencia Episcopal, que los anima a mantener la esperanza y avanzar hacia la responsabilidad, la reconciliación y la construcción de una nueva vida.
El pronunciamiento fue firmado en San José este 23 de setiembre por Javier Román Arias, obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, y Daniel Francisco Blanco Méndez, obispo auxiliar de San José y secretario general de la organización.