En un discurso incendiario ante la Asamblea General, el mandatario de EE. UU. vaticinó el fin del régimen comunista y provocó que la delegación cubana abandonara la sala en señal de protesta.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar a la política exterior en el centro del debate internacional tras una agresiva intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Durante su discurso en Nueva York, el mandatario estadounidense calificó abiertamente a Cuba como un “Estado absolutamente fallido” y pronosticó que la caída del gobierno de la isla caribeña es inminente bajo la actual estrategia de presión de su administración.
Las palabras de Trump no tardaron en generar una reacción diplomática inmediata. Mientras el jefe de la Casa Blanca aseguraba que el régimen comunista enfrenta la mayor asfixia financiera de su historia, los cuatro miembros de la delegación cubana presentes en el pleno se levantaron de sus asientos y abandonaron la sala de la Asamblea General en señal de enérgica protesta. El mandatario ignoró el desplante y reafirmó su postura sentenciando que "el comunismo nunca llegará a Estados Unidos, pero la libertad sí llegará a Cuba".
Dentro de los puntos más destacados de su alocución, Trump vinculó directamente al secretario de Estado, Marco Rubio, como la figura clave que lidera la estrategia y las posibles negociaciones respecto al futuro de la isla. Asimismo, el mandatario elevó la tensión política al acusar a las autoridades de La Habana de haber financiado y cultivado vínculos durante décadas con grupos radicales y movimientos de extrema izquierda dentro del territorio estadounidense, mencionando específicamente al Partido Comunista de EE. UU. y a la organización Antifa.
Este choque en el foro multilateral más importante del mundo marca un nuevo punto de inflexión en las relaciones bilaterales entre Washington y La Habana. Analistas internacionales coinciden en que el tono utilizado por Trump no solo busca consolidar su base política interna, sino también enviar un mensaje contundente de que la Casa Blanca no disminuirá las sanciones económicas hasta forzar un "cambio fundamental" en el sistema político cubano.