La mayoría de quienes padecen presión arterial alta no presentan síntomas. Medirla periódicamente es la única manera confiable de detectarla antes de que provoque complicaciones.
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que aparece cuando la sangre ejerce una presión demasiado elevada y constante sobre las paredes de las arterias.
Aunque muchas personas creen que siempre produce dolor de cabeza, mareos o palpitaciones, la realidad es que generalmente no provoca síntomas. Una persona puede sentirse bien durante años mientras la enfermedad deteriora silenciosamente su corazón, cerebro, riñones y vasos sanguíneos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años padecían hipertensión en 2024. Cerca de 600 millones desconocían que tenían esta condición.
¿Qué significan los números?
Al medir la presión arterial aparecen dos valores. El primero corresponde a la presión sistólica, que se produce cuando el corazón late y expulsa la sangre. El segundo representa la presión diastólica, registrada cuando el corazón se relaja entre cada latido.
Por ejemplo, una medición de 120/80 se lee como “120 sobre 80” y se expresa en milímetros de mercurio.
Según la OMS, se diagnostica hipertensión cuando las mediciones realizadas en dos días diferentes presentan valores iguales o superiores a 140/90. Sin embargo, una sola lectura elevada no necesariamente confirma la enfermedad, por lo que debe ser valorada por un profesional de salud.
¿Cómo se detecta?
La única forma confiable de descubrir la hipertensión es medir la presión arterial. Esto puede hacerse en un centro médico, una farmacia o en casa con un aparato automático adecuado.
Antes de tomar la presión, la persona debe descansar sentada durante al menos cinco minutos, mantener la espalda apoyada, colocar ambos pies sobre el suelo y evitar cruzar las piernas.
El brazo debe permanecer apoyado a la altura del pecho, con el brazalete colocado directamente sobre la piel. Tampoco se recomienda hablar durante la medición.
Consumir cafeína o alcohol, fumar o hacer ejercicio durante los 30 minutos anteriores puede alterar el resultado. Si la medición se realiza en casa, se aconseja tomar al menos dos lecturas, separadas por uno o dos minutos, y anotarlas para mostrárselas al médico.
Una enfermedad que casi nunca avisa
La mayoría de los pacientes hipertensos no experimentan molestias. Cuando la presión alcanza niveles muy elevados, pueden aparecer dolor intenso de cabeza, visión borrosa, mareos, dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, náuseas o alteraciones del ritmo cardiaco.
Una presión de 180/120 o superior, especialmente si está acompañada por alguno de esos síntomas, requiere atención médica inmediata.
Si no se controla, la hipertensión puede aumentar el riesgo de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca, daños renales y problemas de visión.
¿Cómo puede controlarse?
El tratamiento dependerá de los valores registrados y de otros factores, como la edad, el peso, los antecedentes familiares y la presencia de diabetes, enfermedad renal o problemas cardiovasculares.
Entre las principales medidas para reducir y controlar la presión se encuentran disminuir el consumo de sal, mantener un peso saludable, realizar actividad física regularmente, comer más frutas y vegetales, evitar el tabaco y limitar el alcohol.
La OMS recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa. También es importante manejar el estrés y dormir adecuadamente.
Algunas personas necesitarán medicamentos para mantener la presión en niveles seguros. Estos deben tomarse exactamente como fueron recetados y nunca suspenderse, cambiarse o sustituirse sin consultar al médico, aunque las mediciones hayan mejorado.
Detectar la hipertensión a tiempo y cumplir el tratamiento permite llevar una vida normal y reduce considerablemente el riesgo de sufrir complicaciones graves.