Kristen Angélica Solís López obtuvo el primer lugar general entre 57 participantes de 15 países. La estudiante de décimo año se prepara ahora para su próximo gran reto: la Olimpiada Internacional de Biología.
Todavía le cuesta asimilar lo que ocurrió en São Paulo, Brasil. Pocos días después de colgarse la medalla de oro absoluta y conseguir el primer lugar general de la XIX Olimpiada Iberoamericana de Biología (OIAB), Kristen Angélica Solís López reconoce que sigue sorprendida por el resultado.
“Es como muy impactante”, contó la joven estudiante.
Kristen cursa décimo año en el Colegio Científico Bilingüe Reina de los Ángeles y fue la única representante de Costa Rica en la competencia, realizada entre el 30 de agosto y el 5 de setiembre en el Instituto Butantan.
Allí se enfrentó a 56 estudiantes de 15 países, algunos de ellos integrados en delegaciones de hasta cuatro participantes.
Pero el oro que consiguió en Brasil comenzó a construirse mucho antes.
Dos años de preparación para llegar al oro
El camino de Kristen en las olimpiadas científicas comenzó en 2024, cuando cursaba octavo año y tenía apenas 14 años.
Ese año participó por primera vez en la Olimpiada Costarricense de Ciencias Biológicas (OLICOCIBI) y obtuvo una medalla de oro.
El resultado le permitió avanzar en el proceso de clasificación y representar posteriormente al país en la Olimpiada Centroamericana y del Caribe de Biología de 2025, realizada en República Dominicana.
Allí volvió a ganar oro.
“Ya por haber ganado en la Centroamericana, quedé invitada directamente a participar en la Ibero”, recordó.
El nuevo reto, sin embargo, implicaba un salto considerable en el nivel de exigencia.
“El nivel aumenta bastante. Es significativamente más lo que hay que leer. Es un buen salto de nivel de una a la otra”, explicó.
Tras regresar de República Dominicana, Kristen apenas descansó un par de días antes de comenzar la preparación para la competencia iberoamericana.
La intensidad del proceso la llevó incluso a comparar la preparación con una carrera universitaria.
“A mí me han dicho que prácticamente la Olimpiada es como llevar una carrera de biología”, comentó.
Libros, exámenes y laboratorios
La preparación incluyó libros especializados, exámenes semanales y prácticas de laboratorio.
El estudio abarcó diferentes áreas de la biología, con una rutina que exigía avanzar constantemente en nuevos contenidos.
“Usualmente siempre empezamos como con Botánica. Cada semana se hace un examen con una determinada cantidad de capítulos del libro que toca. Más o menos es como un libro al mes”, explicó.
A eso se sumaron prácticas de laboratorio en áreas como ecología y zoología.
En este proceso contó principalmente con el acompañamiento de Federico Herrera Madrigal, académico de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), quien le dio seguimiento, aplicó exámenes y facilitó materiales de estudio.
Pero la preparación también tuvo un componente familiar.
“Siempre tuve ese apoyo y ese seguimiento por parte de mis papás. Ellos me ayudaron también, me llevaban a la U”, relató.
Incluso hubo materiales que resultaron difíciles de conseguir. Uno de los libros de zoología que necesitaba no se encontraba disponible, por lo que sus padres se encargaron de conseguirlo.
“Lo aproveché, le saqué bastante jugo y me sirvió mucho”, contó.
Cinco pruebas en solo dos días
Todo ese esfuerzo se puso a prueba en Brasil.
La competencia incluyó cinco pruebas: tres prácticas y dos teóricas, distribuidas durante dos días.
Las evaluaciones abarcaron contenidos de anatomía y sistemática, fisiología animal, bioquímica y bioinformática.
El primer día Kristen enfrentó las tres pruebas experimentales. Al día siguiente llegaron las dos evaluaciones teóricas.
“Realmente son días muy pesados”, reconoció.
Para ella, uno de los mayores desafíos no fue únicamente responder las preguntas, sino afrontar el cansancio acumulado después de meses de preparación.
“Ya al final uno dice: el último, ya es el último. Hago este y ya se acabó”.
Cuando finalmente terminó la última prueba llegó el alivio.
“Uno siente que se libera y disfruta el viaje aún más porque ya hizo lo más complicado”.
De la intimidación a hacer amigos
Kristen ya tenía experiencia compitiendo fuera del país. En su primera participación internacional, convivir con estudiantes de otras delegaciones podía resultar intimidante.
Esta vez fue diferente.
“Ya había llevado la experiencia e incluso había gente que había conocido el año pasado, entonces iba más tranquila”.
La convivencia con otros jóvenes terminó convirtiéndose en una de sus partes favoritas de las olimpiadas.
“Con todos llegué a hablar. Son gente muy linda y, de hecho, es una de mis cosas favoritas de este tipo de eventos”.
Una joven que ya piensa en su futuro
Preguntarle cuál es su área favorita de la biología tampoco es sencillo.
“Esa es una pregunta muy difícil”, respondió.
Finalmente, se inclina por la zoología.
Su entusiasmo aparece cuando habla de la diversidad animal y de la posibilidad de descubrir especies y características que desconocía.
“Hay tantos animales, tanta diversidad, tan raros, que uno dice: ‘Qué chiva’. Uno dice: ‘Mirá, no sabía que este bicho se clasificaba en esto; no sabía que este bicho existía’”.
También le atrae la posibilidad de conectar distintas áreas de la biología para comprender las adaptaciones, la fisiología, los tejidos y los órganos de los sentidos de los animales.
Ese interés ya comienza a marcar su futuro académico. Kristen tiene claro, al menos por ahora, que quiere estudiar Biotecnología.
Pero el oro conseguido en Brasil no significa el final de su camino competitivo.
La estudiante ya tiene la mirada puesta en su próximo objetivo: la Olimpiada Internacional de Biología (IBO), prevista para 2027.
“Ahorita tengo pensado participar en la IBO, en la mundial”, adelantó.
Eso significa que, después de celebrar el oro iberoamericano, Kristen volverá a los libros, los laboratorios y las largas jornadas de preparación.
Una apuesta por la ciencia desde el colegio
Para los organizadores de la Olimpiada Costarricense de Ciencias Biológicas, el resultado obtenido por Kristen refleja el potencial de la formación científica que reciben los estudiantes de secundaria.
Estos procesos, señalan, permiten desarrollar pensamiento crítico, razonamiento científico, capacidad experimental, resolución de problemas, creatividad, disciplina, autonomía, comunicación científica y perseverancia.
También buscan que los jóvenes descubran que la ciencia puede convertirse en un proyecto de vida.
La OLICOCIBI es coordinada desde la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional, en conjunto con la Universidad Estatal a Distancia, la Universidad de Costa Rica, el Instituto Tecnológico de Costa Rica, el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones y el Ministerio de Educación Pública.
Durante cerca de dos décadas, esta alianza ha creado espacios de formación para que estudiantes costarricenses desarrollen sus capacidades científicas y encuentren nuevas oportunidades académicas y profesionales.
Kristen, con un oro absoluto recién ganado y otro desafío internacional en el horizonte, parece tener claro cuál es el siguiente paso.