A sus 26 años, Steven Mata Campos convirtió su silla de ruedas en una herramienta de trabajo y creó Silla Express, un servicio de mensajería con el que demuestra que ninguna dificultad es más fuerte que sus deseos de salir adelante
Steven Mata Campos no permitió que su discapacidad se convirtiera en una excusa para quedarse de brazos cruzados. A bordo de su silla de ruedas recorre diariamente el centro de Turrialba y sus alrededores entregando paquetes, haciendo mandados y llevando pedidos hasta donde sus fuerzas se lo permitan.
El joven turrialbeño, de 26 años, es el creador de Silla Express, una iniciativa que nació en 2020, en plena pandemia, cuando decidió buscar una manera digna de generar ingresos y, al mismo tiempo, ayudar a otras personas.
“Todo empezó por querer salir adelante y ayudar a los demás. Esa es la idea, pero también ayudarse uno mismo”, explicó Steven.
Antes de iniciar su emprendimiento, Mata se encontraba terminando sus estudios de secundaria. Su condición de movilidad lo acompaña desde pequeño, pero jamás la consideró una barrera imposible de superar.
La decisión de lanzarse a las calles no fue sencilla. Durante varias semanas pensó en las dificultades que podría enfrentar, desde enfermarse mientras trabajaba hasta la forma en que sería recibido por las personas.
Sin embargo, la respuesta de los turrialbeños terminó disipando sus temores.
“Gracias a Dios, hasta la fecha todos me quieren. Todos los días tengo trabajito”, contó con orgullo.
Llega hasta donde sus fuerzas se lo permiten
Steven ofrece sus servicios en el centro de Turrialba y sectores cercanos. No se limita a unas pocas cuadras: si una persona necesita enviar algo hasta el hospital u otro punto de la ciudad, él procura completar el recorrido siempre que esté dentro de sus posibilidades.
El camino, sin embargo, no siempre resulta fácil. Algunas calles, aceras y establecimientos no están adaptados para una persona en silla de ruedas, lo que convierte ciertos recorridos en un verdadero desafío.
“A veces es complicado y uno trata de llegar al lugar, pero sí se dificulta un poco. Igual uno le mete fuerza. Eso es lo único que le pide a Diosito todos los días”, manifestó.
Sus tarifas se ajustan de acuerdo con la distancia, pero ningún servicio supera los ₡5.000.
Steven vive en el sector de La Cecilia, detrás de Transtusa, y desde allí comienza cada jornada con el objetivo de ganarse honradamente el sustento.
Después de casi seis años trabajando, su historia se convirtió en un ejemplo para quienes creen que una dificultad física puede acabar con sus sueños.
Su mensaje, especialmente para otros jóvenes, es directo:
“Los límites están en la cabeza. El que quiere salir adelante lo hace de la forma que pueda. Nada más hay que echarle ganas a la vida”.
AM Prensa