José Giacone deja el banquillo del Club Sport Herediano después de conducir al equipo al título nacional. Su salida llega en medio de un arranque complicado y con un contraste evidente entre el Herediano campeón y el equipo que terminó alejándose de aquel nivel competitivo.
José Giacone ya no está al frente del Club Sport Herediano.
El entrenador argentino se marcha con una condición que nadie podrá quitarle: fue el técnico que llevó al “Team” a conquistar el campeonato nacional, pero su despedida también queda marcada por una etapa final en la que los resultados comenzaron a generar dudas.
Su historia reciente con Herediano tiene, por eso, dos caras.
Por un lado, está el equipo sólido, competitivo y determinante que logró imponerse en la lucha por el título.
Por el otro, aparece un Herediano que comenzó a dejar puntos importantes y que no logró mantener de manera constante el rendimiento que lo llevó hasta la corona.
De campeón a un cierre complicado
Giacone consiguió convertir al conjunto florense en un equipo competitivo durante el torneo anterior y terminó levantando el campeonato, confirmando la capacidad del estratega para manejar partidos de alta presión.
El título fue, sin duda, el punto más alto de su ciclo.
Pero el fútbol no vive únicamente de los recuerdos recientes.
El nuevo campeonato comenzó y el Herediano tuvo que afrontar el reto de demostrar que podía mantener la exigencia de un equipo campeón, mientras además disputaba compromisos internacionales.
Ese escenario empezó a complicar el panorama.
El conjunto florense no encontró la misma regularidad y los resultados dejaron de acompañar con la frecuencia esperada para una plantilla que parte nuevamente entre las candidatas al título.
El contraste que terminó pesando
Uno de los principales argumentos para valorar el ciclo de Giacone es precisamente ese contraste.
El técnico fue capaz de llevar a Herediano hasta el campeonato, pero no consiguió sostener aquella versión ganadora durante el siguiente tramo.
El equipo perdió consistencia y aparecieron cuestionamientos alrededor de su funcionamiento, especialmente porque las expectativas sobre el campeón nacional eran mucho mayores.
En el torneo Apertura, además, Herediano tuvo un inicio que dejó sensaciones encontradas.
El empate ante Puntarenas y posteriormente los resultados en la Copa Centroamericana aumentaron la presión sobre el cuerpo técnico.
En el ámbito internacional, el “Team” tampoco consiguió transformar su condición de campeón nacional en una marcha convincente.
El empate 0-0 frente a Marathón y posteriormente la derrota ante Alianza en el estadio Cuscatlán dejaron al equipo obligado a reaccionar.
Un título que pesa en su legado
A pesar del desenlace, sería injusto analizar la gestión de Giacone únicamente desde sus últimos partidos.
Su principal legado deportivo es el campeonato conseguido.
Llegó a una instancia donde la presión era máxima, enfrentó una final ante uno de los grandes del fútbol costarricense y terminó celebrando una nueva estrella para la institución.
Además, durante ese proceso consiguió darle al equipo una identidad competitiva y aprovechar el rendimiento de futbolistas importantes como Marcel Hernández y Keysher Fuller.
Ese Herediano tenía carácter.
Era un equipo que sabía competir y que encontró respuestas en los momentos determinantes.
Aunado a ello no se puede obviar que en el mes de Julio del presente año, logró conquistar los títulos de Supercopa y Recopa respectivamente ante Alajuelense y Saprissa, rivales históricos y directos.
¿Qué queda después de Giacone?
La pregunta ahora cambia de dirección.
Herediano deberá encontrar al entrenador capaz de recuperar la versión que consiguió ser campeona y, al mismo tiempo, darle una nueva identidad al equipo.
La salida de Giacone no borra el campeonato.
Pero sí abre un nuevo capítulo para una institución que tiene la obligación de competir por títulos y que, después de haber llegado a lo más alto, ahora necesita volver a encontrar estabilidad.
Giacone se va como campeón.
El desafío para Herediano será demostrar que aquel título no fue el punto final de un proyecto, sino el punto de partida de uno todavía más ambicioso.