¿Qué está pasando con el fútbol de Costa Rica? El talento sobra, pero el sistema sigue fallando.
Mientras futbolistas de 18, 19 y 20 años demuestran su calidad en la Primera División, las dudas sobre las convocatorias, la falta de transparencia en los...
Mientras futbolistas de 18, 19 y 20 años demuestran su calidad en la Primera División, las dudas sobre las convocatorias, la falta de transparencia en los procesos y el rumbo del fútbol nacional continúan alimentando un debate que ya no puede seguir ignorándose.
El problema del fútbol costarricense no es la falta de talento.
El problema es que el sistema se ha convertido en el principal enemigo de ese talento.
Cada jornada aparecen jóvenes que debutan en la Primera División con personalidad, carácter y condiciones suficientes para competir al máximo nivel. Los clubes confían en ellos, los entrenadores les entregan responsabilidades y la afición comienza a ilusionarse con una nueva generación.
Pero basta con observar las convocatorias de las selecciones menores para preguntarse si realmente se está viendo el campeonato nacional.
¿Cómo es posible que futbolistas con minutos en Primera División no formen parte de esos procesos?
¿Cómo se explica que quienes compiten cada fin de semana contra jugadores consolidados queden fuera de las convocatorias?
No se trata de cuestionar a los jóvenes que sí reciben la oportunidad.
Se trata de exigir claridad en los criterios.
Porque el mérito deportivo debería ser el principal requisito para representar al país.
Sin embargo, ese es apenas uno de los problemas que atraviesa nuestro fútbol.
Las dudas sobre los procesos administrativos siguen acumulándose. El tema de las licencias continúa generando interrogantes y las decisiones parecen cambiar dependiendo del momento, sin que exista una comunicación clara hacia los clubes ni hacia la afición.
San Carlos parece perder protagonismo mientras todo se intenta justificar con la llegada del Inter de San Carlos, cuando ambas instituciones podrían fortalecer el desarrollo futbolístico de toda una región.
Liberia también ha sido protagonista de situaciones que evidencian que las decisiones administrativas siguen teniendo un peso excesivo sobre lo deportivo.
Mientras tanto, los aficionados siguen esperando respuestas que nunca llegan.
Y basta con mirar los estadios para entender que el abandono también forma parte del problema.
Infraestructura deteriorada, escenarios que necesitan inversión urgente y recintos que hace mucho dejaron de representar el nivel competitivo que Costa Rica dice querer alcanzar.
Queremos competir internacionalmente, pero muchas veces ni siquiera ofrecemos instalaciones acordes con esa aspiración.
A esto se suma una costumbre que parece repetirse torneo tras torneo: buscar soluciones inmediatas con entrenadores extranjeros que llegan sin conocer el campeonato, sin comprender la cultura futbolística del país y sin un verdadero diagnóstico de la realidad nacional.
Costa Rica ha contado con grandes entrenadores extranjeros.
El problema aparece cuando se improvisa, cuando se apuesta más por el nombre que por un proyecto serio y cuando el conocimiento del medio deja de ser un requisito.
Mientras tanto, los jóvenes siguen haciendo su parte.
Pero el sistema continúa enviando el mensaje de que el esfuerzo no siempre alcanza.
El fútbol costarricense no necesita más discursos.
Necesita dirigentes que expliquen sus decisiones, infraestructura que esté a la altura del espectáculo y procesos deportivos donde el rendimiento pese más que cualquier otro criterio.
Porque el talento sigue naciendo en las canchas del país.
Lo que hace falta es un sistema capaz de protegerlo, desarrollarlo y darle las oportunidades que merece.
Hasta que eso no ocurra, seguiremos buscando respuestas dentro del terreno de juego, cuando quizá el verdadero problema lleva demasiado tiempo sentado detrás de un escritorio.