¿Por qué los nuevos narcos ticos usan tantas cadenas de oro? El detalle que delata mucho más de lo que imaginan
Gruesas cadenas, pulseras de lujo, relojes exclusivos y joyas valoradas en millones de colones se han convertido en una imagen cada vez más frecuente entre...
Gruesas cadenas, pulseras de lujo, relojes exclusivos y joyas valoradas en millones de colones se han convertido en una imagen cada vez más frecuente entre sospechosos ligados al narcotráfico. Detrás de esa ostentación existe una estrategia para proyectar poder, respeto e intimidación.
Las gruesas cadenas de oro parecen haberse convertido en el nuevo uniforme de muchos de los narcotraficantes costarricenses.
Cada vez son más frecuentes las fotografías de sospechosos luciendo varias cadenas alrededor del cuello, pulseras de gran tamaño, relojes de lujo y anillos llamativos, una imagen que hace algunos años era más común en grandes organizaciones criminales de otros países.
Pero, ¿por qué esa obsesión por exhibir tanto oro?
La respuesta va mucho más allá de un simple gusto por las joyas.
En el mundo del crimen organizado, la apariencia también comunica. Una cadena gruesa no solo representa dinero: proyecta poder, liderazgo, éxito e incluso intimidación. Es una forma silenciosa de enviar un mensaje a rivales, colaboradores y al entorno criminal sobre el nivel de influencia que pretende tener quien la porta.
Mientras una persona exhibe un vehículo de lujo o una vivienda exclusiva, las joyas tienen una ventaja adicional para quienes manejan dinero ilícito: son fáciles de transportar, conservan un alto valor económico y pueden venderse o empeñarse con relativa rapidez.
Además, la influencia de los narcocorridos, el reguetón, el hiphop y las series sobre capos ha reforzado esa imagen del criminal exitoso rodeado de oro, relojes costosos y artículos exclusivos, una estética que algunos grupos delictivos han terminado adoptando como parte de su identidad.
Uno de los ejemplos más llamativos en Costa Rica ocurrió durante una investigación contra Alejandro Arias Monge, alias "El Diablo".
En un allanamiento realizado por las autoridades fue localizada una llamativa cadena de oro con un colgante que decía "El Patrón", una pieza cuyo valor superaba los seis millones de colones, según la información revelada durante la investigación.
El hallazgo llamó la atención porque reflejaba precisamente esa cultura de ostentación que hoy acompaña a numerosas figuras ligadas al narcotráfico.
Paradójicamente, esa necesidad de exhibir riqueza también puede convertirse en un problema para quienes la practican.
Las joyas llamativas atraen la atención de las autoridades, pueden formar parte de investigaciones patrimoniales y, además, convierten a sus propietarios en objetivos de robos, extorsiones o disputas entre organizaciones criminales.
Por esa razón, investigadores han señalado en distintas ocasiones que los delincuentes con mayor experiencia suelen optar por un perfil mucho más discreto, mientras que quienes necesitan demostrar poder recurren con mayor frecuencia a la ostentación.
En muchos casos, las cadenas de oro no solo buscan mostrar cuánto dinero tiene una persona.
También buscan convencer a los demás de cuánto poder dice tener.
Y es que pocos escapan de ello: desde el exmagistrado Celso Gamboa, hasta los recientemente capturados. Pecho de Rata, Ojos Bellos, Shock, Noni y muchos más.