Gris empate a 0 entre España y Egipto donde se escondió el fútbol y brilló la xenofobia
La pelota rodaba, pero el ambiente se fue cargando de algo mucho más pesado que el propio partido.
La pelota rodaba, pero el ambiente se fue cargando de algo mucho más pesado que el propio partido.
El empate sin goles entre selección de España y selección de Egipto en el RCDE Stadium de Barcelona terminó pasando a un segundo plano. Lo que debía ser un amistoso más en la preparación internacional se convirtió en un episodio incómodo, tenso y profundamente lamentable.
En medio del juego, varios sectores de la grada comenzaron a lanzar cánticos de tono xenófobo dirigidos tanto hacia Lamine Yamal, joven figura del combinado español y futbolista de origen marroquí como también al seleccionado egipcio .El sonido fue creciendo por momentos, generando una atmósfera incómoda tanto en la cancha como en las bancas.
El partido, ya de por sí discreto en lo futbolístico, se enfrió aún más. Jugadores que intentaban concentrarse en el balón miraban de reojo hacia las gradas, mientras el murmullo se convertía en protagonista. No hubo interrupción oficial, pero sí un evidente quiebre en el ritmo emocional del encuentro.
Yamal, uno de los nombres llamados a liderar el futuro de España, fue blanco de una situación que expone una herida que el fútbol europeo no termina de cerrar. La mezcla de talento, juventud y diversidad que representa contrasta con expresiones que parecen ancladas en otro tiempo.
Desde el banquillo español hubo gestos de incomodidad. Algunos compañeros se acercaron al futbolista en señal de respaldo, en un intento silencioso de protegerlo dentro del campo. La respuesta institucional, sin embargo, quedó en deuda durante el desarrollo del juego.
El 0 a 0 final terminó siendo anecdótico. Egipto mostró orden, España tuvo la pelota, pero nadie habló realmente de fútbol al terminar el partido. Las preguntas apuntaron hacia lo ocurrido en las gradas, hacia cómo es posible que en pleno 2026 se repitan escenas de este tipo.
Lo sucedido en Barcelona deja más preguntas que respuestas. Y sobre todo, abre un debate inevitable: ¿qué tan preparado está el fútbol para erradicar definitivamente este tipo de conductas?
Porque mientras el balón siga rodando bajo ese tipo de sombras, el juego siempre quedará incompleto.