Un piso de concreto, una vida distinta: las historias que está dejando HogaRES en Guanacaste
HogaRES: cuando un piso de concreto cambia mucho más que una casa
HogaRES: cuando un piso de concreto cambia mucho más que una casa
Guanacaste.— En San Buenaventura, el eco de los baldes y las palas todavía se escucha. No porque hoy haya obra, sino porque los vecinos recuerdan con una mezcla de alivio y gratitud el día en que el piso de sus casas dejó de ser tierra. Para muchas familias de esta zona, ese cambio —aparentemente simple— significó algo más profundo: salud, dignidad y un respiro en medio de años de rezago.
Desde hace tres años, el programa HogaRES, impulsado por Cementos Progreso Costa Rica en alianza con Habitat para la Humanidad, TECHO y PEDREGAL, ha logrado transformar las condiciones de vida de 62 familias en Guanacaste. La intervención es concreta—literalmente—: reemplazar pisos de tierra por losas resistentes y limpias. Algo que, según estudios del Banco Mundial y la Universidad de California, reduce hasta en un 80% las enfermedades comunes, especialmente en menores.
En comunidades como Peñas Blancas, Colorado o Las Juntas de Abangares, ese dato no suena a estadística: suena a tos que desaparece, a niños que juegan sin levantar polvo, a adultos mayores que ya no temen resbalarse en superficies irregulares. Suena a vidas que cambian.
Un piso que abre oportunidadesLos beneficios del concreto van más allá de la higiene: mayor seguridad ante lluvias, resistencia, durabilidad y un entorno menos hostil para quienes han tenido que adaptarse a lo que hay. Este año, gracias al trabajo conjunto con TECHO y PEDREGAL, se instalaron 22 nuevas losas y se construyeron dos viviendas completas, impactando directamente a más de 240 personas.
La selección de las familias prioriza a mujeres jefas de hogar, hogares con niños, personas adultas mayores o con alguna discapacidad. Las decisiones se toman con los pies en el barro: visitas comunitarias, entrevistas y la observación directa de cada caso.
La solidaridad puesta en obra“Contribuir a mejorar la calidad de vida de las familias de estas comunidades es parte de lo que somos”, dijo Andrés Bolaños, director país de Cementos Progreso. Su frase resuena en cada casa donde el polvo dejó de ser parte del día a día.
PEDREGAL aportó un valor adicional: concreto elaborado con RESIN8, una tecnología que convierte residuos plásticos en materiales útiles. “No es solo construir, es construir mejor”, explicó su director comercial, David Zamora.
Desde TECHO, la lectura es clara: este tipo de voluntariado es una ruta concreta para enfrentar el déficit habitacional. “Nos permite unir esfuerzos y llegar donde más se necesita”, comentó su directora ejecutiva, Nicole Aguilar Yzaguirre.
Una idea que nació lejos, pero encontró raíces aquíHogaRES es originalmente un programa guatemalteco. Costa Rica fue la primera operación en adoptarlo y adaptarlo a su realidad. En Guanacaste, el concepto de “hogares resilientes y saludables” dejó de ser un eslogan para convertirse en una experiencia tangible: pisos firmes bajo los pies de quienes nunca los tuvieron.
Para Minor Rodríguez, de Hábitat para la Humanidad, la ecuación es simple: un piso menos vulnerable significa menos enfermedades, menos gastos médicos y más estabilidad para que los pequeños crezcan en un ambiente seguro.
Más que concreto, comunidadEn un país donde las desigualdades territoriales todavía marcan el día a día, iniciativas como HogaRES recuerdan que el desarrollo no siempre empieza con grandes obras; a veces inicia con el acto íntimo de dignificar un hogar.
En Guanacaste, ese gesto ya dejó huella. Y no en el cemento recién fraguado, sino en la vida diaria de quienes ahora pisan un futuro un poco más firme.