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Las obras del padre Sergio Valverde hablan más fuerte que las críticas de unos cuantos escandalosos

En los últimos días, el padre Sergio Valverde, director de la Asociación Obras del Espíritu Santo, ha sido objeto de cuestionamientos por tener propiedades y...

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Las obras del padre Sergio Valverde hablan más fuerte que las críticas de unos cuantos escandalosos
Las obras del padre Sergio Valverde hablan más fuerte que las críticas de unos cuantos escandalosos. Fotografía: AM Prensa.

En los últimos días, el padre Sergio Valverde, director de la Asociación Obras del Espíritu Santo, ha sido objeto de cuestionamientos por tener propiedades y vehículos a su nombre. Es probable que esto sea cierto y que estén inscritas a nombre de la Asociación, pero también es una realidad que dirige una de las obras sociales más grandes y trascendentes de Costa Rica y otras partes de Centroamérica.

Lo que muchos parecen olvidar es que, gracias a su gestión y al esfuerzo de cientos de colaboradores, cada día se alimenta a más de 70 mil personas en todo el país. Este año, la tradicional fiesta navideña para niños pobres no será para 35 mil, como en ocasiones anteriores, sino para 50 mil menores, quienes recibirán no solo un regalo, sino un momento de alegría y esperanza.

El padre Sergio mantiene un albergue para niños en abandono, donde les brinda techo, alimentación, educación y cuidado integral. Su labor se extiende también a madres solteras y familias en situación de vulnerabilidad, siempre con un enfoque especial en proteger y velar por los más pequeños, porque —según él mismo ha dicho— así se lo ha pedido el Espíritu Santo.

En lugar de buscar el “punto negro” a una obra tan monumental, deberíamos reflexionar sobre lo que significa su entrega. Este sacerdote hace lo que muchos de nosotros no hacemos: ponerse al frente para ayudar, sin importar las distancias ni las dificultades. No solo ha extendido su ayuda por todo el territorio nacional, sino también a otras naciones de Centroamérica, y sin embargo, aquí en su propio país, algunos intentan desprestigiarlo por razones ajenas a su misión.

Que ciertos políticos, del pasado o del presente, intenten aprovecharse de su imagen es un asunto distinto. El padre Sergio no está detrás de un cargo público ni de intereses personales. Su único objetivo es servir: llevar alimento a niños hambrientos, dar refugio a quienes no tienen hogar, proveer un cuaderno y un lápiz a quienes desean estudiar.

En ocasiones, ha llegado hasta comunidades indígenas en helicópteros donados, lugares tan remotos que menos del 1% de la población ha visitado. Lo hace porque ahí también hay hambre y necesidad, y porque su compromiso con el mandamiento de “amar al prójimo como a ti mismo” es real y constante.

Criticar a quien entrega su vida a los demás, en lugar de ayudarlo, debería llenarnos de vergüenza. No mezclemos la política con la caridad. Lo que hoy necesita la Asociación Obras del Espíritu Santo es apoyo, no ataques.

Y aunque escribo estas líneas en su defensa, la verdad es que el padre Sergio Valverde no necesita que yo, un simple mortal, lo defienda. Sus actos hablan por sí solos, y más aún, cuenta con la bendición del Espíritu Santo, que es su verdadera fuerza y guía en esta misión.

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