Una fotografía publicada en redes sociales puso fin a más de dos décadas de incertidumbre. Ana Isabel Villalobos, de 80 años, nunca dejó de buscar a Minor y asegura que una petición realizada durante la Romería marcó el inicio del esperado reencuentro.
Durante 24 años, doña Ana Isabel Villalobos Hernández vivió con una pregunta que nunca encontró respuesta: ¿dónde estaba su hijo?
Minor Villalobos Hernández salió de su hogar cuando tenía 35 años. Era el 14 de julio del 2002 y la familia atravesaba uno de sus momentos más dolorosos: acababan de despedir a Alberto, el cuarto hijo de doña Ana Isabel, quien murió en un accidente en Orosi.
Después de aquel funeral, Minor se alejó y nunca regresó.
Pasaron los meses, los años y luego más de dos décadas. Su madre, vecina de La Uruca y actualmente de 80 años, se negó a perder la esperanza.
Durante varios años, la familia confirmó mediante consultas en el Registro Civil que Minor seguía con vida. No sabían dónde estaba ni cuál era su condición, pero ese pequeño dato era suficiente para que doña Ana Isabel continuara buscándolo.
La mujer convirtió su dolor en una peregrinación constante. Visitó iglesias en Roma, Colombia, México, República Dominicana y Tierra Santa. También acudió incontables veces al Cristo Negro de Alajuelita y cada año caminó hasta la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago.
La Romería de este año, sin embargo, fue diferente.
“Sentía una gran alegría, como si fuera la última que fuera a realizar. Logramos ingresar a la Basílica y todo. Le pedí a la Virgencita que me devolviera a mi hijo como estuviera, sin importar su condición”, recordó.
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Doña Ana Isabel hizo aquella petición el pasado 31 de julio. Pocos días después, una fotografía comenzó a circular en redes sociales y cambió para siempre la historia de la familia.
Una fotografía encendió la esperanza
Amalia Pérez, nieta de doña Ana Isabel, publicó la única imagen que conservaban de Minor en diferentes grupos de redes sociales vinculados con La Fortuna de San Carlos.
La familia tenía información de que ese había sido su último lugar de votación y decidió concentrar ahí la búsqueda.
La publicación fue compartida hasta llegar a personas que reconocieron inmediatamente al hombre de la fotografía. Minor había trabajado como salonero y bartender en La Fortuna, donde era conocido y apreciado por muchos vecinos.
Sin embargo, durante los últimos ocho años había vivido en condición de calle.
La búsqueda finalmente condujo a la familia hasta la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (ADIFORT). Desde marzo, la organización comunal había auxiliado a Minor, ofreciéndole alimentación, techo y atención médica por medio de la clínica local.
Posteriormente, gestionó su ingreso a la Casa de Refugio Emmanuel, ubicada en El Tanque de La Fortuna, donde comenzó un proceso de recuperación y recibió una nueva oportunidad.
El abrazo esperado durante 24 años
El 16 de agosto, doña Ana Isabel viajó para encontrarse con aquel hombre que ahora tenía 59 años.
Al verlo, dudó por unos instantes. Habían pasado más de dos décadas y el tiempo había cambiado el rostro del hijo que conservaba en su memoria.
Pero Minor comenzó a conversar con Patricia, una de sus hermanas y con quien había sido muy unido. Recordaron juntos algunas travesuras de la infancia y mencionaron detalles que solo ellos podían conocer.
Entonces, doña Ana Isabel supo que no había ninguna duda: era su hijo.
“Ese encuentro fue maravilloso y especial. Dios tiene un propósito y, de ahora en adelante, siento que llené el vacío que tenía mi corazón. Me siento muy feliz y contenta”, expresó conmovida.
Para aquella madre, el abrazo representó el final de 24 años de búsqueda, pero también el comienzo de una etapa marcada por la recuperación, el acompañamiento y la reconstrucción de los vínculos familiares.
Una hija también recuperó a su padre
La vida todavía tenía preparada otra sorpresa para Minor.
El 29 de agosto se reencontró con su única hija, Verónica Vallecillo, a quien no veía desde que ella tenía apenas 12 años. Actualmente, Verónica tiene 37 años, es madre de cuatro hijos y vive en Puriscal.
Minor desconocía que ella llegaría a visitarlo.
“No sabía que mi hija venía. Fue un balde de agua fría, pero siento una alegría infinita. Han sido muchas cosas al mismo tiempo. Ver a mi mamá y a mis hermanos es de gran felicidad”, manifestó.
Verónica asegura que no pretende interrogar a su padre ni concentrarse en los años perdidos. Su deseo es aprovechar la oportunidad que ahora tienen para conocerse, sanar y construir nuevos recuerdos.
“Esa niña que recuerda a su papá puede ahora florecer y convivir con él. Quiero que conozca y comparta con sus nietos. No quiero saber qué pasó, solo aprovechar esta oportunidad como padre e hija”, afirmó.
Un refugio que necesita ayuda
Minor permanece en la Casa de Refugio Emmanuel, un centro dedicado a acompañar a hombres con problemas de adicción, abandono o en condición de calle.
Actualmente atiende a 13 personas y, durante sus cinco años de funcionamiento, ha beneficiado a más de 100 hombres procedentes de diferentes comunidades del país.
El centro no recibe financiamiento de instituciones públicas y depende de las donaciones. En este momento requiere alimentos, colchones, ropa para hombre y artículos de higiene personal.
Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse al teléfono 8357-6207.
La historia de Minor todavía está escribiéndose. Su regreso no borra los años de ausencia ni las heridas que quedaron, pero ofrece a una madre, una hija y toda una familia la posibilidad de recuperar el tiempo que aún tienen por delante.
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