Una revisión de 67 investigaciones identificó las principales fuentes de contaminación de ríos y playas, pero también encontró regiones donde todavía falta información para conocer la magnitud del problema.
Redacción- Costa Rica acumula más de cuatro décadas de investigaciones sobre la contaminación del agua y una nueva revisión científica acaba de poner en perspectiva dónde se concentran los principales problemas y cuáles son las zonas del país que todavía permanecen con poca vigilancia científica.
El análisis reunió 67 estudios científicos y fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Costa Rica (UCR), la Universidad Nacional (UNA), el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) y el CATIE. Los resultados fueron publicados en el artículo Water Pollution in Rivers and Beaches in Costa Rica: Research Trends, Geographic Patterns, and Key Challenges, de la revista Environmental Quality Management.
La investigación no solo permitió identificar las principales fuentes de contaminación de los cuerpos de agua, sino también detectar una importante brecha geográfica: mientras algunas cuencas han sido estudiadas durante décadas, otras regiones cuentan con mucha menos información disponible, lo que dificulta determinar a tiempo si existen problemas que puedan afectar los ecosistemas y a las comunidades.
Róger Madrigal-Ballestero, coordinador de la Unidad de Economía Ambiental y Agronegocios Sostenibles del CATIE y participante en el estudio, destacó la importancia de reunir la evidencia disponible para establecer prioridades en la gestión del recurso hídrico.
“Costa Rica ha logrado avances importantes en materia de conservación ambiental, pero proteger nuestros ríos y ecosistemas costeros requiere conocer con claridad dónde se encuentran los principales desafíos. Al reunir décadas de investigación, esta revisión permite identificar prioridades y ofrece una base más sólida para mejorar las decisiones relacionadas con la gestión del agua”, señaló.
Tárcoles y Reventazón concentran gran parte de la atención
Entre los principales hallazgos aparece la diferencia en la cantidad de investigaciones realizadas según la región. Las cuencas de los ríos Tárcoles y Reventazón son las que han recibido mayor atención científica y, de acuerdo con la revisión, también presentan algunos de los niveles de contaminación más altos registrados.
En el otro extremo aparecen sectores de Guanacaste, Limón y el Pacífico Sur, donde existe comparativamente menos investigación, pese a que enfrentan presiones ambientales cada vez mayores.
Para Adolfo Quesada, investigador de la UCR, uno de los principales aportes del trabajo consiste precisamente en mostrar esas diferencias y los vacíos que persisten.
“El principal aporte de este estudio es ofrecer una visión integrada de dónde se concentran los problemas de contaminación del agua en Costa Rica, cuáles son sus principales fuentes y, especialmente, qué regiones todavía están poco estudiadas”, señaló.
La falta de estudios en determinadas zonas representa un desafío para las autoridades y comunidades, pues contar con menos información puede limitar la capacidad de detectar cambios en la calidad del agua antes de que estos se conviertan en problemas mayores.
¿Qué está contaminando los ríos de Costa Rica?
La investigación encontró que la agricultura y las aguas residuales domésticas sin tratamiento figuran entre las principales fuentes de contaminación de los ríos.
Al analizar los contaminantes específicos mencionados en las investigaciones revisadas, los plaguicidas, otros agroquímicos y la contaminación fecal aparecen entre los elementos identificados con mayor frecuencia.
La situación adquiere especial relevancia debido a la importancia de los ríos para el abastecimiento de agua, la biodiversidad, las actividades productivas y el bienestar de las comunidades.
El estudio también determinó que la producción científica sobre contaminación del agua aumentó de manera considerable a partir de 2005, con una participación importante de instituciones estatales en la generación de conocimiento.
En las playas aparecen otros contaminantes
El panorama cambia cuando se analizan los ecosistemas costeros. En las playas, los investigadores encontraron que las principales fuentes del problema están relacionadas con aguas residuales urbanas, especialmente en sectores donde existe una intensa actividad turística.
Los contaminantes más frecuentes identificados en los estudios fueron plásticos, incluidos microplásticos, contaminación fecal y otros residuos sólidos.
La situación puede tener consecuencias que van más allá del ambiente. La contaminación de las playas puede afectar la salud pública, la biodiversidad y las actividades económicas de comunidades que dependen directamente del turismo.
Silvia Echeverría Sáenz, investigadora de la UNA, resaltó que combinar información de aguas continentales y marinas permitió obtener una visión más amplia de la situación.
“Esto presenta un panorama mucho más completo de los retos e interrelación de ambos ecosistemas acuáticos”, afirmó.
Estas son las medidas que recomienda el estudio
A partir de los resultados, las personas investigadoras plantean cuatro áreas prioritarias: mejorar el tratamiento de aguas residuales, promover prácticas agrícolas sostenibles, fortalecer la planificación del uso del suelo y ampliar el monitoreo en las regiones con menor atención científica.
El objetivo es que el país no concentre sus esfuerzos únicamente en las zonas que ya cuentan con abundante información, sino que también incremente la vigilancia en aquellas donde todavía existen vacíos de conocimiento.
Los investigadores advierten además que el cambio climático podría agravar la contaminación del agua. Una mayor frecuencia o intensidad de inundaciones, sequías y eventos de escorrentía podría favorecer el transporte de contaminantes hacia ríos, humedales y ecosistemas costeros.
La revisión científica plantea así un reto para Costa Rica: conocer mejor sus recursos hídricos para poder protegerlos. Los investigadores consideran que las colaboraciones entre universidades e instituciones especializadas pueden ayudar a convertir décadas de información científica en decisiones más efectivas para la protección del agua.