La posibilidad de regresar a un calendario escolar de marzo a noviembre provoca una intensa discusión en redes sociales
La propuesta de modificar el calendario escolar y regresar a un esquema en el que los estudiantes reciban clases de marzo a noviembre encendió la conversación entre los costarricenses.
AM Prensa planteó a sus seguidores una pregunta directa: “¿Está de acuerdo con que se amplíe el periodo de vacaciones en escuelas y colegios?”
La respuesta fue considerable.
Al momento de recopilar los resultados, la publicación acumulaba 6.126 reacciones, de las cuales 5.837 fueron “Me gusta”, opción utilizada para manifestarse a favor de la propuesta.
En contraste, 133 personas utilizaron la reacción de enojo, mientras otras 156 escogieron distintas reacciones.
Aunque se trata de un sondeo abierto en redes sociales y no de una encuesta científica con una muestra representativa de la población, los resultados muestran una clara tendencia entre quienes decidieron participar: el apoyo fue ampliamente superior al rechazo expresado mediante las reacciones.
La discusión tampoco quedó únicamente en los números. Decenas de personas explicaron por qué respaldan o cuestionan la posibilidad de modificar nuevamente el calendario escolar.
“Volveríamos a las vacaciones de tres meses”
Una de las opiniones que más se repite tiene un componente de nostalgia: personas que recuerdan cuando las clases en Costa Rica comenzaban en marzo y terminaban en noviembre.
Vane Jiménez comentó: “Volveríamos a las vacaciones de tres meses con las que crecimos nosotros. Excelente, ojalá lo aprueben”.
Ávalos Antonela recordó una experiencia similar: “Cuando yo iba a la escuela entrábamos en marzo y salíamos en noviembre. Estoy hablando de hace 60 años y nos enseñaron muy bien”.
Ruth Gutiérrez también respaldó la posibilidad de regresar al antiguo esquema: “Sí, así como era antes. Cuando yo estaba en primaria, las clases comenzaban en marzo y terminaban en noviembre”.
Tiempo para compartir en familia
Otros participantes no centraron sus argumentos únicamente en la cantidad de días de vacaciones, sino en el tiempo que los niños podrían compartir con sus familias.
Laura Salazar Robinson señaló que ese es un aspecto que considera perdido con el paso de los años.
“Creo que algo importante que no se ha mencionado y que se ha perdido mucho es el tiempo en familia. Ese tiempo de calidad para hablar, compartir, educar, dar valores, enseñar lo bueno y lo malo y crear recuerdos”, expresó.
Betty Ansel también respaldó el cambio al considerar necesario un mayor descanso tanto para estudiantes como para educadores.
“Totalmente de acuerdo. Los docentes y estudiantes necesitan tiempo para compartir. La labor docente es desgastante y, aparte, se trabaja en casa”, comentó.
También hay quienes dicen “no”
Pero la propuesta está lejos de generar unanimidad.
Entre quienes se oponen aparece una preocupación recurrente: que reducir los días con estudiantes pueda aumentar los problemas de rezago educativo cuando durante el año también existen suspensiones de lecciones.
Andrea Delgado fue directa: “No. En las escuelas públicas siempre pasan sin clases los estudiantes por un motivo u otro y el aprendizaje se queda rezagado”.
Stefanny Mora condicionó su apoyo a que los días establecidos realmente sean aprovechados para impartir lecciones.
“Estaría de acuerdo si se dedican por completo a dar las clases correspondientes. Pero ¿qué pasa cuando empiezan las suspensiones de clases por congresos, reuniones, capacitaciones, etc.? ¿Cómo cumplirían con los días correspondientes sin tener ningún atraso?”, cuestionó.
Precisamente, uno de los argumentos de Colypro para impulsar el cambio es separar esas actividades del periodo de atención regular de estudiantes. La propuesta mantendría 200 días laborales para el personal educativo, pero reservaría parte de febrero y diciembre para planeamiento, evaluaciones, capacitaciones y otras tareas sin presencia regular de alumnos.
Hasta el turismo aparece en la discusión
El debate incluso alcanzó otros posibles efectos de unas vacaciones más extensas.
Edgar Pérez Carranza consideró que un calendario de marzo a noviembre podría tener consecuencias positivas más allá de las aulas.
“Completamente de acuerdo. El curso lectivo tiene ese tiempo efectivo; el resto es relleno y perder el tiempo. Positivo para el comercio y la actividad turística”, manifestó.
Feli Beita Morales también respaldó la propuesta y señaló que un periodo mayor antes del inicio de las clases daría a las familias más tiempo para comprar útiles y uniformes.
La propuesta todavía no está aprobada
El fuerte respaldo observado en el sondeo no significa que el cambio ya esté decidido.
Colypro prepara una propuesta que reduciría de los actuales 200 días a un máximo de 176 días de contacto entre estudiantes y docentes, con un mínimo de 160.
El esquema llevaría las clases regulares del 1.º de marzo al último día de noviembre, mientras los funcionarios del Ministerio de Educación Pública continuarían cumpliendo 200 días laborales.
El planteamiento todavía deberá superar diferentes etapas antes de poder convertirse en una modificación del calendario escolar.
Mientras eso ocurre, el debate ya salió de las oficinas y llegó directamente a las familias. Y, al menos entre las más de 6.000 personas que reaccionaron al sondeo de Cartago Informa, la balanza se inclinó con fuerza hacia quienes ven con buenos ojos ampliar el periodo sin clases.