La diabetes, la exposición prolongada al sol, el tabaquismo y otros antecedentes pueden influir en el desarrollo de cataratas. Identificar las señales de alerta y mantener controles visuales permite detectar cambios antes de que afecten de forma importante la vida cotidiana.
Las cataratas suelen relacionarse con el envejecimiento y, para muchas personas, son un problema visual propio de edades avanzadas. Sin embargo, pueden desarrollarse antes de lo esperado. Determinadas condiciones de salud, algunos hábitos y ciertos antecedentes pueden aumentar la posibilidad de que aparezcan de manera más temprana.
Según información recopilada por Meditek, si bien el paso de los años continúa siendo uno de los principales elementos asociados con el desarrollo de cataratas, existen otros aspectos que también deben tomarse en cuenta. El National Eye Institute (NEI), institución especializada en salud visual de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, señala entre ellos la diabetes, la exposición prolongada al sol, el tabaquismo, los antecedentes familiares, las lesiones en los ojos y el uso de medicamentos esteroides. Mayo Clinic también reconoce estas condiciones como elementos que pueden incrementar el riesgo de presentar cataratas.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene a las cataratas entre las principales causas de discapacidad visual y ceguera. Esta realidad pone en evidencia la importancia no solo de contar con alternativas de tratamiento, sino también de promover la prevención, los controles oportunos y una mayor atención ante cualquier cambio en la calidad de la visión.
La catarata aparece cuando el cristalino del ojo, cuya función normal requiere que sea transparente, comienza a perder esa transparencia y se vuelve opaco. Como consecuencia, la persona puede empezar a ver de manera borrosa, nublada o con menor nitidez, una sensación que suele compararse con observar a través de un vidrio empañado. Conforme avanza, puede interferir con tareas habituales como leer, conducir durante la noche, distinguir rostros o enfrentarse a luces intensas.
El problema es que esta alteración no siempre se manifiesta de manera repentina. En muchos casos progresa poco a poco, por lo que sus primeras señales pueden atribuirse al cansancio de la vista, a un cambio en la graduación de los anteojos o simplemente al paso de los años. Visión borrosa, mayor sensibilidad a la luz, dificultad para ver en ambientes oscuros, presencia de halos alrededor de las luces, percepción de colores menos vivos o modificaciones frecuentes en la graduación son algunas señales que justifican una valoración especializada. Consultar tempranamente permite evaluar la causa de estos cambios sin necesidad de esperar a que la visión se deteriore de forma considerable.
Cuando las cataratas comienzan a interferir con actividades como leer, conducir, trabajar o reconocer rostros, la cirugía se convierte en la alternativa para mejorar la visión. Sin embargo, el temor al procedimiento, al posible dolor o al proceso de recuperación todavía lleva a algunas personas a retrasar la consulta.
Sobre este procedimiento, el NEI explica que la cirugía consiste en retirar el cristalino que se ha vuelto opaco y sustituirlo por un lente artificial. También indica que generalmente es indolora: la persona suele permanecer despierta y recibe medicamentos tanto para adormecer el ojo como para ayudarle a mantenerse tranquila durante la intervención.
Tras la cirugía, la recuperación suele avanzar rápidamente y las recomendaciones posteriores son, por lo general, sencillas. Entre ellas pueden incluirse evitar agacharse, no realizar esfuerzos físicos y cumplir cuidadosamente las indicaciones brindadas por el especialista.