Derek, el niño de Cartago que salió a jugar y no volvió por culpa de una bala le arrebató la vida
El niño compartía con sus vecinos en Llanos de Santa Lucía cuando comenzó el ataque armado. Un familiar intentó salvarlo llevándolo al hospital, pero una herida de bala en el cuello acabó con su vida.
Derek López Moya había salido de su casa para jugar con sus vecinos. Tenía 13 años y estaba haciendo lo de siempre: divertirse en la calle, cerca de su hogar, en Llanos de Santa Lucía de Paraíso.
Entonces llegó la balacera. Un hombre armado con un fusil disparó contra otras dos personas y, en medio del ataque, una bala alcanzó al niño en el cuello.
Derek no tenía relación con el ataque. Tampoco era familiar de las personas contra quienes iban dirigidos los disparos. Eran sus vecinos. Él simplemente estaba allí, jugando, en un lugar que debía ser seguro para cualquier niño.
Tras resultar herido, un familiar acudió de inmediato para auxiliarlo. En un BMW particular lo trasladó al Hospital Max Peralta de Cartago, junto con otro hombre que también había sido alcanzado por las balas.
Era un intento por salvarle la vida. Pero al llegar al servicio de Emergencias, Derek fue declarado fallecido. Tenía apenas 13 años.
En el sitio del tiroteo murió Christopher Quirós Vega, de 33 años. Otro adulto fue llevado gravemente herido al centro médico. El ataque dejó así dos fallecidos, uno de ellos un niño que nunca debió quedar en medio de esa violencia.
La Fuerza Pública detuvo posteriormente a cuatro hombres como sospechosos de participar en los hechos. Su posible vinculación con el doble homicidio permanece bajo investigación.
Pero detrás del reporte policial está Derek. Un niño con familia, compañeros de escuela y vecinos con quienes salía a jugar. Su muerte deja un dolor que alcanza a su hogar, a su comunidad y a las aulas de la escuela de Santa Lucía.
Hoy habrá un pupitre vacío. También compañeros que tendrán que afrontar una ausencia difícil de comprender: la de un niño que salió a divertirse cerca de su casa y no volvió.
Derek no debía morir. Tenía derecho a jugar, a regresar a su hogar y a seguir creciendo. Su vida terminó por una violencia que lo alcanzó sin tener relación alguna con él.