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Sed constante, cansancio y ganas de orinar: las señales de alerta que muchos dejan pasar

La enfermedad puede avanzar durante años sin causar molestias evidentes mientras daña el corazón, los riñones, la vista, los nervios y los vasos sanguíneos.

Redacción · 4 min read
Sed constante, cansancio y ganas de orinar: las señales de alerta que muchos dejan pasar
Sed constante, cansancio y ganas de orinar: las señales de alerta que muchos dejan pasar. Photo: AM Prensa.

La sed excesiva, la necesidad de orinar con frecuencia, el cansancio y la visión borrosa podrían parecer molestias aisladas, pero también figuran entre las señales que pueden advertir la presencia de diabetes.

Esta enfermedad crónica aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza adecuadamente la que genera. Como consecuencia, la glucosa se acumula en la sangre y, con el paso del tiempo, puede provocar daños graves.

El principal peligro es que la diabetes tipo 2, la más común, puede avanzar durante años con síntomas leves o sin causar molestias evidentes. En algunos casos, el diagnóstico llega cuando la persona ya presenta alguna complicación.

La Organización Mundial de la Salud estima que 830 millones de personas vivían con diabetes en 2022, frente a los 200 millones registrados en 1990. Más del 95% de los pacientes presenta diabetes tipo 2.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

- Necesidad de orinar más de lo habitual, especialmente durante la noche.

- Hormigueo o pérdida de sensibilidad en manos y pies.

Presentar una o varias de estas señales no confirma por sí solo la enfermedad, pero sí justifica una valoración médica y un análisis de sangre.

La diabetes se diagnostica mediante pruebas que miden la concentración de glucosa en la sangre. Entre las más utilizadas se encuentran la glucemia en ayunas y la hemoglobina glicosilada o A1c, que refleja el promedio de azúcar durante los últimos tres meses.

Un resultado de glucosa en ayunas igual o superior a 126 miligramos por decilitro, o una hemoglobina A1c de 6,5% o más, se encuentra dentro del rango utilizado para diagnosticar diabetes. Generalmente, el resultado debe confirmarse con otra prueba cuando no existen síntomas claros.

La prediabetes se identifica cuando los niveles de azúcar están más altos de lo normal, pero todavía no alcanzan el rango de diabetes. Una A1c de entre 5,7% y 6,4%, o una glucosa en ayunas de entre 100 y 125 miligramos por decilitro, puede indicar esta condición.

Detectarla en esta etapa permite adoptar medidas para retrasar o incluso evitar la aparición de diabetes tipo 2.

El riesgo aumenta en personas con sobrepeso u obesidad, antecedentes familiares de diabetes, poca actividad física, hipertensión, colesterol o triglicéridos elevados y antecedentes de diabetes durante el embarazo.

La edad también incrementa el riesgo, aunque la diabetes tipo 2 se diagnostica cada vez con mayor frecuencia en niños y adolescentes.

Por este motivo, quienes presenten factores de riesgo deben consultar con un profesional de salud sobre la frecuencia con la que necesitan realizarse pruebas, aun cuando se sientan bien.

La diabetes tipo 1 ocurre cuando el organismo produce muy poca insulina o deja de producirla. Quienes la padecen necesitan administrarse esta hormona diariamente para vivir. Su causa todavía no se conoce por completo y actualmente no existe una forma comprobada de prevenirla.

En la diabetes tipo 2, el cuerpo no utiliza eficazmente la insulina. Está relacionada con factores genéticos, pero también con el sobrepeso, la alimentación poco saludable y la falta de ejercicio.

La diabetes gestacional aparece durante el embarazo y puede aumentar el riesgo de complicaciones para la madre y el bebé. Además, eleva la posibilidad de desarrollar diabetes tipo 2 posteriormente.

La diabetes tipo 1 no puede prevenirse, pero en muchos casos es posible evitar o retrasar la tipo 2 mediante cambios sostenidos en el estilo de vida.

Mantener un peso saludable, realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, reducir las bebidas azucaradas y los alimentos altamente procesados, consumir vegetales, frutas, legumbres y cereales integrales, y evitar el tabaco son medidas que ayudan a disminuir el riesgo.

Quienes ya tienen un diagnóstico deben tomar los medicamentos o la insulina según la indicación médica, controlar periódicamente su glucosa y vigilar la presión arterial y el colesterol.

También son fundamentales los exámenes de la vista, la revisión de la función renal y el cuidado de los pies. Una pequeña herida puede transformarse en una úlcera grave cuando existen problemas de circulación o pérdida de sensibilidad.

La diabetes no tiene que convertirse inevitablemente en ceguera, insuficiencia renal, amputaciones, infartos o accidentes cerebrovasculares. El diagnóstico temprano, el seguimiento médico y un control constante pueden prevenir o retrasar buena parte de estas complicaciones.

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