Destino cruel: madre sufrió mortal atropello a metros de donde su hijo también perdió la vida 9 años atrás en Cartago
El destino golpea dos veces a la misma familia, en el mismo punto y con un dolor que vuelve a abrir heridas que nunca sanaron
El destino golpea dos veces a la misma familia, en el mismo punto y con un dolor que vuelve a abrir heridas que nunca sanaron
Lo que para muchos es una vía más en Cartago, para una familia se convierte en un lugar marcado por la tragedia. Este viernes se confirma la muerte de Yesenia Vargas Salazar, de 53 años, tras permanecer en condición crítica luego de ser atropellada ayer jueves en Caballo Blanco.
Pero detrás de este caso hay un detalle que estremece: hace nueve años, en mayo del 2017, su hijo, Luis Diego Moya Vargas, de apenas 23 años, también perdió la vida en ese mismo lugar, prácticamente a escasos metros de donde hoy muere su madre.
En aquel momento, el joven viajaba en bicicleta cuando fue impactado por un camión durante la madrugada, en circunstancias que apuntan a que no habría observado una señal de alto. El golpe fue letal.
Ahora, casi una década después, la historia se repite de forma cruel. Yesenia se encontraba en una parada de autobús cuando un vehículo pierde el control tras pasar por una tapa de alcantarilla que había sido robada, provocando que el automóvil se saliera de la vía y la atropellara.
La mujer fue trasladada en estado crítico al Hospital Max Peralta, donde permaneció en coma por varias horas, hasta que finalmente se confirma su fallecimiento.
El impacto de este caso va más allá de un accidente de tránsito. Se trata de una familia que vuelve a enfrentarse a una pérdida devastadora en el mismo punto, bajo circunstancias distintas, pero con el mismo desenlace fatal.
Ahora son tres hermanos quienes, impotentes, miran como esa carretera que comunica a Cartago con Paraíso les arrebata otro ser amado… esta vez a su madre.
Mientras las autoridades investigan lo ocurrido y el aparente robo de infraestructura pública que habría influido en el accidente, en la comunidad crece la indignación y la tristeza por una historia que parece sacada de una pesadilla repetida.
Una calle, dos tragedias, nueve años de diferencia… y una misma familia marcada para siempre.