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Asientos de avión se convierten en esperanza: el taller indígena costarricense que transforma desechos en futuro

Desde Alto Quetzal: cuando la dignidad se teje con cuero reciclado y la movilidad se repara con herramientas básicas

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Asientos de avión se convierten en esperanza: el taller indígena costarricense que transforma desechos en futuro
Asientos de avión se convierten en esperanza: el taller indígena costarricense que transforma desechos en futuro. Photo: AM Prensa.

Desde Alto Quetzal: cuando la dignidad se teje con cuero reciclado y la movilidad se repara con herramientas básicas

Turrialba. Durante años los asientos de los aviones de Southwest dieron comfort a los viajeros del mundo. Hoy, sus cueros vuelven a tener sentido en una montaña de Costa Rica, donde comunidades indígenas los transforman en fuente de ingresos, conocimiento y autonomía.En la comunidad de Alto Quetzal, dentro de la Reserva Indígena Cabécar de Chirripó, nació el primer taller del mundo de costura con cueros reutilizados de asientos de avión. El material, donado por la aerolínea estadounidense Southwest como parte de su programa “Reutilización con un Propósito”, llegó a manos de seis personas indígenas que completaron una capacitación técnica de 40 semanas en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE).“Este es un modelo que nace desde el territorio y para el territorio. No solo forma personas, sino que evita desplazamientos prolongados y crea oportunidades dentro de las mismas comunidades”, explicó Eliécer Vargas, investigador del CATIE.Cada pieza de cuero, antes desechada, ahora se convierte en bolsos, accesorios o artículos de talabartería. Pero más allá del producto final, lo que se fabrica aquí es dignidad.Un albergue que es más que refugioEl taller está integrado al nuevo albergue humanitario indígena de Alto Quetzal, un espacio que no solo ofrece camas, alimentación y asistencia básica, sino también herramientas para la independencia económica.La iniciativa fue liderada por Coopenae Wink en alianza con la Asociación Pro-Red de Albergues Indígenas, CATIE, la Municipalidad de Turrialba y la empresa San Nicolás.“Este albergue no es solo un refugio. Es un espacio donde las comunidades pueden aprender oficios, generar ingresos y reducir brechas históricas desde su propia identidad”, señaló Gustavo Ulloa, jefe de Sostenibilidad de Coopenae Wink.De caminar cinco días a quedarse en casaPara muchas familias de la zona, salir a citas médicas o hacer trámites implica caminatas de hasta cinco días por la montaña, seguidas de recorridos de más de 50 kilómetros hacia el centro de Turrialba. El albergue busca mitigar esa carga, atendiendo ya a más de 1.400 personas por año.Pero el corazón del proyecto está en el futuro: formar a más personas, generar empleo y evitar la migración forzada por falta de oportunidades.Bicicletas que ruedan con impactoJunto al taller de cuero, el albergue también alberga el primer taller de reparación de bicicletas en una comunidad indígena. En alianza con expertos de la marca Shimano, dos jóvenes fueron capacitados como técnicos. En estas regiones, donde la bicicleta es más común que el bus, reparar una cadena rota puede significar ir o no al hospital.“Hoy los jóvenes pueden capacitarse aquí mismo y atender a su comunidad sin tener que irse lejos”, afirma Israel Segura, líder local. “Queremos aprender y estamos felices de que haya empresas que nos quieran acompañar en este camino”.La exclusión aún pesa en los índices socialesChirripó sigue siendo el distrito con el índice de desarrollo social más bajo de todo el país. Sin acceso adecuado a salud, educación ni oportunidades económicas, estas comunidades han sostenido durante años una lucha silenciosa por visibilidad y respeto.Isaura Cordero, presidenta de la Asociación Pro-Red, lo resume así: “Esto es por respeto a la dignidad de los pueblos indígenas. No se trata de regalar cosas, se trata de enseñar y construir con ellos”.De residuo a símbolo de resilienciaLo que comenzó como cuero viejo de un avión terminó como símbolo de resiliencia. En Alto Quetzal, los asientos dejaron de volar, pero las ideas despegaron.Este modelo de albergue, que une ayuda humanitaria con innovación social, economía circular y enfoque de derechos humanos, podría convertirse en una referencia global sobre cómo acompañar —con respeto— a las comunidades que más lo necesitan.

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