Conozca el proyecto que impulsa y transforma la vida de miles de jóvenes y familias en todo el país
Más de 65 mil familias se han visto beneficiadas de forma directa en los últimos tres años gracias a iniciativas que fortalecen la convivencia, previenen la...
Más de 65 mil familias se han visto beneficiadas de forma directa en los últimos tres años gracias a iniciativas que fortalecen la convivencia, previenen la violencia y promueven la cultura de paz.
Costa Rica está viendo nacer una generación de jóvenes más preparados, empoderados y solidarios gracias al impulso de los programas de juventudes desarrollados durante los últimos tres años a través de los Centros Cívicos por la Paz, el Foro de Juventudes y el apoyo de CoopeAnde.
Las cifras reflejan un impacto social profundo: cerca de 65 mil familias se han beneficiado directamente y otras 138 mil lo han hecho de manera indirecta, en un esfuerzo que prioriza el diálogo, la prevención de la violencia y la construcción de comunidades más seguras.
Solo en 2025 se ejecutaron siete proyectos que alcanzaron a 30 mil familias en distintos cantones del país. Estas acciones han permitido generar espacios de formación, conversación, creatividad y acompañamiento, brindando a las juventudes herramientas para comunicarse mejor, resolver conflictos con empatía y participar activamente en el desarrollo de sus comunidades.
El trabajo articulado ha sido especialmente significativo para las mujeres: el 60 por ciento de las personas beneficiadas son mujeres jóvenes, lo que evidencia un compromiso claro con la inclusión, la equidad y la eliminación de brechas sociales.
Además, el voluntariado también se fortaleció. En total, 306 personas donaron su tiempo para sumar 643 horas de servicio durante este proceso.
Dentro de los avances más relevantes destaca la capacitación de 115 jóvenes en el primer semestre de 2025. Mediante talleres en siete centros del país, desarrollaron habilidades para la prevención de la violencia, la resolución pacífica de conflictos y la participación ciudadana.
Las voces de las juventudes reflejan la importancia de estos programas. En Guararí de Heredia, jóvenes del Foro de Juventudes fortalecieron técnicas de comunicación, autoestima y resiliencia familiar. En Santa Cruz, un grupo protagonizó el cortometraje “Desde mi luz”, una pieza que profundiza en la sensibilidad ante la violencia intrafamiliar.
Cada cantón construyó proyectos únicos que respondieron a sus propias realidades, desde actividades recreativas y campañas de pintura de bolsos hasta competencias deportivas, festivales culturales, intervenciones en skate parks y espacios dedicados a la salud mental.
El impacto también ha tocado a las comunidades más vulnerables. En Aguas Zarcas, por ejemplo, el “Festival Juventud, Salud Mental y Mejoras en el Skate Park” combinó arte, deporte y bienestar para generar un entorno seguro y creativo.
En Pococí, la iniciativa “Zona de Paz” buscó convertir hogares y barrios en refugios de serenidad y convivencia. Cartago desarrolló “Sana-Sana”, orientado al bienestar emocional; mientras que Garabito vivió “Epifest”, un espacio de expresión juvenil cargado de cultura y energía.
Organizaciones como CoopeAnde destacan que estos esfuerzos no solo acompañan a las juventudes, sino que también construyen entornos más seguros para las familias. Para la cooperativa, cada taller, cada actividad y cada proyecto comunitario es un paso hacia una sociedad más justa, solidaria y libre de violencia.
Los programas también han mostrado que la creatividad, el arte, la participación ciudadana y la escucha activa pueden convertirse en herramientas poderosas para reducir factores de riesgo.
En cada comunidad donde se desarrollaron, se evidenció un fortalecimiento del tejido social y una mayor conciencia sobre la importancia del cuidado emocional, la comunicación asertiva y la prevención de la violencia en todas sus formas.
En un país donde las juventudes buscan espacios reales de participación, estos proyectos se consolidan como plataformas transformadoras que permiten formar líderes, fomentar el respeto, promover la convivencia y demostrar que la paz se construye desde la cotidianidad.
La suma de esfuerzos, tanto institucionales como comunitarios, continúa dejando huella y marcando el camino hacia un futuro más seguro para miles de familias costarricenses.