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A los 80 años, doña Hortensia se regaló el título que esperó toda la vida

Después de una vida marcada por el trabajo y la familia, una vecina de Tilarán volvió a clases y el viernes anterior logró graduarse de sexto grado en el...

Redacción · 2 min read
A los 80 años, doña Hortensia se regaló el título que esperó toda la vida
A los 80 años, doña Hortensia se regaló el título que esperó toda la vida. Photo: AM Prensa.

Después de una vida marcada por el trabajo y la familia, una vecina de Tilarán volvió a clases y el viernes anterior logró graduarse de sexto grado en el CINDEA.

El viernes anterior no fue un día cualquiera para Hortensia Vindas Ramírez. A sus 80 años, sentada entre compañeros mucho más jóvenes, recibió la confirmación de que el esfuerzo había valido la pena: completó el sexto grado de primaria y puso punto final a un sueño que la acompañó durante toda su vida.

Doña Hortensia es vecina de Cabeceras de Tilarán, madre de cuatro hijos, abuela y bisabuela. Desde joven tuvo que asumir responsabilidades que la alejaron de las aulas. Fue madre a temprana edad y durante muchos años trabajó en San José como operaria de máquinas textiles, una rutina exigente que no le dejó espacio para continuar estudiando.

La idea de regresar a clases nunca se fue del todo. Hace dos años decidió intentarlo y se matriculó en el CINDEA de Tilarán. El camino no fue sencillo. Las jornadas eran largas y el regreso a casa, en ocasiones, se daba cerca de la medianoche. El cansancio estaba presente, pero también la convicción de que esta vez no iba a rendirse.

Ella misma resume la experiencia como una mezcla de aprendizaje y sacrificio. Reconoce que fue un proceso bonito, pero también agotador, especialmente por la distancia y el horario nocturno.

En ese recorrido, el acompañamiento de las docentes marcó la diferencia. Doña Hortensia destaca el apoyo recibido en cada etapa y la paciencia con la que fue guiada hasta alcanzar la meta que tanto anhelaba.

Hoy, con la satisfacción del deber cumplido, asegura sentirse tranquila y feliz. No tiene planes de seguir estudiando, pero afirma que ya logró lo más importante: cumplir una promesa personal que había quedado pendiente por décadas.

Desde su historia, envía un mensaje claro a otras mujeres adultas que aún piensan que ya no es el momento. Las anima a intentarlo, a no dejar pasar la oportunidad de terminar la primaria y a creer que los sueños, incluso los más antiguos, todavía pueden hacerse realidad.

La graduación de Hortensia Vindas Ramírez no solo marca el cierre de un ciclo académico, sino que se convierte en un ejemplo silencioso de perseverancia, dignidad y amor por el aprendizaje, demostrando que la educación no tiene edad límite.

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