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title: "#Opinión Cuando una subasta deja sin voz a quienes más han construido la radio en Costa Rica"
description: "La polarización que atraviesa al país. Chavistas y antichavistas han tomado posiciones enfrentadas que contaminan cualquier discusión técnica"
date: 2025-11-23T12:08:10.720Z
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author: "Adrián Meza Granados"
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publisher: AM Prensa (Cartago, Costa Rica)
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# #Opinión Cuando una subasta deja sin voz a quienes más han construido la radio en Costa Rica

*La polarización que atraviesa al país. Chavistas y antichavistas han tomado posiciones enfrentadas que contaminan cualquier discusión técnica*

National · November 23, 2025, 06:08 · Adrián Meza Granados

## In 3 points

- La polarización que atraviesa al país. Chavistas y antichavistas han tomado posiciones enfrentadas que contaminan cualquier discusión técnica
- Costa Rica vive hoy un momento decisivo para el futuro de su radiodifusión.
- Porque cuando la radio deja de escucharse, lo que se apaga no es solo una frecuencia.

La polarización que atraviesa al país. Chavistas y antichavistas han tomado posiciones enfrentadas que contaminan cualquier discusión técnica

Costa Rica vive hoy un momento decisivo para el futuro de su radiodifusión. La subasta de frecuencias impulsada por SUTEL, con el respaldo del MICITT, se presenta como un proceso técnico, transparente y necesario para actualizar el uso del espectro. Pero quien observe más allá de las apariencias notará que lo que está ocurriendo tiene poco de modernización y mucho de exclusión.

Para empezar, se está cobrando una suma multimillonaria simplemente por poder participar de la subasta, una cifra inalcanzable para la mayoría de las empresas de radio del país. Y aquí es fundamental distinguir dos conceptos que muchos opinadores confunden: una cosa es el canon anual que históricamente pagan las emisoras por el uso de las frecuencias y otra muy diferente es el monto para competir en una subasta. El canon, aunque bajo y necesitado de actualización, es un pago razonable por operar en el espectro nacional; la subasta, en cambio, exige montos desproporcionados que no guardan relación con la realidad económica del sector.

Lo más preocupante es que esta escalada comienza después del conflicto público entre la Presidencia de la República y Televisora de Costa Rica, Canal 7. Lo que inició como un pulso político terminó convirtiéndose en una ola que arrastra a todo el ecosistema radial, incluyendo a quienes no tenían vela en ese entierro. Hoy esa disputa está dejando en jaque a emisoras culturales, religiosas, comunitarias y regionales que por décadas han cumplido un rol esencial en sus comunidades.

Sinfonola, Musical, Fides y otras emisoras emblemáticas están quedando fuera de la competencia y podrían perder las frecuencias que han sostenido con responsabilidad y servicio durante generaciones. La pregunta inevitable es si era necesario llegar a este extremo. Regular el canon anual, sí. Subastar las frecuencias ya operadas y exigir sumas millonarias para volverlas a utilizar, claramente no.

Quienes defienden esta subasta bajo el argumento de democratizar el espectro lo hacen desde un profundo desconocimiento de la realidad del sector. Mantener una emisora no es barato, ni sencillo, ni es un negocio de dinero fácil como algunos imaginan. Además del pago de derechos de autor, salarios, impuestos y cargas sociales, las radios deben mantener antenas, repetidoras, estudios, equipos, transmisores y personal técnico altamente especializado. En un país montañoso como Costa Rica, garantizar que la señal llegue a cada rincón multiplica los costos operativos.

Todo esto se financia, en gran medida, con pauta publicitaria. Y en la práctica hablamos de cuñas de 30 segundos que se venden aproximadamente en ocho mil colones. ¿Cuántas cuñas deben sonar cada día para que un medio pueda sostenerse y, además, pagar una subasta millonaria? La respuesta es simple: es imposible.

A esto se suma la polarización que atraviesa al país. Chavistas y antichavistas han tomado posiciones enfrentadas que contaminan cualquier discusión técnica. Pero más allá del ruido político, los hechos son claros: muchas personas que celebran los altos cobros desconocen por completo que una subasta no es lo mismo que un canon anual. También ignoran cuánto cuesta realmente mantener una radio encendida y operando con estándares profesionales.

El resultado es que se está empujando hacia afuera a las radios que sostienen la pluralidad, la cultura, la música nacional, el deporte local, los programas de servicio comunal y los espacios religiosos que acompañan a miles de personas. Se está debilitando un tejido de comunicación que ha servido como puente entre el país y sus comunidades más alejadas. Y se está abriendo paso para que, bajo el discurso de modernización, solo los grupos con capitales gigantes terminen sobreviviendo.

Un país que pierde voces independientes pierde democracia. Un país que expulsa a sus radios tradicionales pierde historia. Y un país que confunde regulación con castigo termina pagándolo caro.

Actualizar el canon anual era necesario. Subastar las frecuencias a precios inalcanzables no lo era. Y hoy, por una confrontación política que escaló sin medir sus consecuencias, estamos a las puertas de un silencio que no deberíamos permitir.

Porque cuando la radio deja de escucharse, lo que se apaga no es solo una frecuencia. Lo que se apaga es una parte esencial de la vida de nuestras comunidades.

— AM Prensa · https://www.amprensa.com/en/2025/11/opinion-cuando-una-subasta-deja-sin-voz-a-quienes-mas-han-construido-la-radio-en-costa-rica
