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title: "El terremoto no los mató… la sed y la desesperación bajo escombros es ahora la amenaza en Venezuela"
description: "Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes. Aunque los rescates milagrosos mantienen viva la esperanza, miles de personas..."
date: 2026-07-01T23:45:00.000Z
modified: 2026-07-01T23:45:33.826Z
author: "Adrián Meza Granados"
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publisher: AM Prensa (Cartago, Costa Rica)
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# El terremoto no los mató… la sed y la desesperación bajo escombros es ahora la amenaza en Venezuela

*Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes. Aunque los rescates milagrosos mantienen viva la esperanza, miles de personas...*

Internacionales · 1 de julio de 2026, 17:45 · Adrián Meza Granados

## En 3 puntos

- Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes.
- Redacción- El terremoto dejó de ser solamente una tragedia causada por el movimiento de la tierra.
- Porque en Venezuela la tragedia no terminó cuando dejó de temblar la tierra.

Cada minuto que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes. Aunque los rescates milagrosos mantienen viva la esperanza, miles de personas continúan bajo toneladas de concreto, enfrentando una lenta agonía marcada por la sed, el hambre, la falta de aire y el desgaste psicológico.

Redacción- El terremoto dejó de ser solamente una tragedia causada por el movimiento de la tierra. Ocho días después del devastador sismo que sacudió Venezuela, la emergencia se ha transformado en una angustiosa carrera contra el reloj, donde el peor enemigo de quienes permanecen atrapados ya no son los edificios que colapsaron, sino la deshidratación, el agotamiento extremo y el paso inexorable del tiempo.

Mientras rescatistas de distintos países continúan removiendo montañas de concreto, acero y escombros, la realidad es cada vez más dura. Decenas de miles de personas continúan desaparecidas y muchas de ellas podrían seguir atrapadas bajo estructuras completamente destruidas. Las labores avanzan con enorme dificultad debido al riesgo constante de nuevos derrumbes y réplicas que amenazan tanto a las víctimas como a quienes intentan salvarlas.

Especialistas explican que un ser humano puede sobrevivir varios días bajo los escombros únicamente si conserva una pequeña bolsa de aire, no presenta lesiones mortales y logra acceder, aunque sea de forma mínima, a alguna fuente de humedad o agua. Sin embargo, conforme avanzan los días, la deshidratación se convierte en la principal amenaza para la vida. La falta de líquidos provoca el deterioro progresivo de órganos vitales, altera el funcionamiento del cerebro y finalmente puede desencadenar un fallo multiorgánico.

El hambre también comienza a pasar factura, aunque los médicos coinciden en que una persona suele morir antes por falta de agua que por ausencia de alimentos. A ello se suma el llamado síndrome por aplastamiento, una condición que puede destruir los músculos mientras el cuerpo permanece comprimido durante horas o días. Paradójicamente, incluso después del rescate, la liberación de toxinas acumuladas puede desencadenar insuficiencia renal y otras complicaciones potencialmente mortales si no se recibe atención médica inmediata.

Pero existe otra herida que no puede verse. Permanecer inmóvil durante días, completamente a oscuras, rodeado de polvo, sin saber si alguien escucha los gritos o si el rescate llegará, provoca un sufrimiento psicológico extremo. El miedo permanente, la ansiedad, la desorientación, las alucinaciones y la desesperación suelen acompañar a quienes siguen con vida bajo los escombros.

A pesar de ese panorama, la esperanza se niega a desaparecer. En las últimas horas, el mundo ha sido testigo de rescates considerados casi imposibles, como el de personas que sobrevivieron más de 100 horas atrapadas y el de un niño pequeño localizado con vida varios días después del terremoto. Son historias que alimentan el esfuerzo de cientos de rescatistas que se resisten a abandonar la búsqueda.

Sin embargo, la ciencia es clara: las probabilidades de supervivencia disminuyen drásticamente después de las primeras 72 horas, aunque existen excepciones extraordinarias dependiendo de las condiciones en las que permanezca cada víctima. Ocho días después del desastre, cada persona encontrada con vida representa prácticamente un milagro.

Mientras las máquinas continúan rompiendo enormes bloques de concreto y los perros de búsqueda recorren lo que antes fueron edificios, viviendas y escuelas, miles de familias permanecen aferradas a una llamada, un sonido o un golpe bajo los escombros que les devuelva la esperanza de abrazar nuevamente a sus seres queridos.

Porque en Venezuela la tragedia no terminó cuando dejó de temblar la tierra. Para miles de personas, el terremoto continúa, sepultado bajo toneladas de concreto, donde cada minuto que pasa puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

— AM Prensa · https://www.amprensa.com/2026/07/el-terremoto-no-los-mato-la-sed-y-la-desesperacion-bajo-escombros-es-ahora-la-amenaza-en-venezuela
