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title: "De una lechería de Taras a chef en Londres: la historia de una cartaginesa que cruzó el océano para cumplir sueños"
description: "Sofía Carpio Leiva creció entre vacas, leche recién ordeñada y tortillas hechas en casa en Taras de Cartago. Hoy vive en Londres, donde dirige una cocina y..."
date: 2026-03-15T01:18:00.000Z
modified: 2026-03-14T19:18:39.991Z
author: "Adrián Meza Granados"
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publisher: AM Prensa (Cartago, Costa Rica)
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# De una lechería de Taras a chef en Londres: la historia de una cartaginesa que cruzó el océano para cumplir sueños

*Sofía Carpio Leiva creció entre vacas, leche recién ordeñada y tortillas hechas en casa en Taras de Cartago. Hoy vive en Londres, donde dirige una cocina y...*

Cartago informa · 14 de marzo de 2026, 19:18 · Adrián Meza Granados

## En 3 puntos

- Sofía Carpio Leiva creció entre vacas, leche recién ordeñada y tortillas hechas en casa en Taras de Cartago.
- Entre vacas lecheras, tortillas recién hechas y chayotes vendidos en la puerta de la casa comenzó la historia de Sofía Carpio Leiva.
- Y cada plato que prepara tiene algo de ese lugar del que nunca se ha ido del todo.

Sofía Carpio Leiva creció entre vacas, leche recién ordeñada y tortillas hechas en casa en Taras de Cartago. Hoy vive en Londres, donde dirige una cocina y creó un menú latinoamericano. Pero detrás del logro hay lágrimas, distancia y un amor profundo por su familia y su tierra.

Entre vacas lecheras, tortillas recién hechas y chayotes vendidos en la puerta de la casa comenzó la historia de Sofía Carpio Leiva. Hoy, esa misma mujer cartaginesa dirige una cocina en Londres, donde logró llevar sabores latinoamericanos hasta una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

La vida de Sofía, de 41 años, es una de esas historias que nacen en la sencillez del campo y terminan en escenarios que alguna vez parecieron imposibles. Pero su camino no empezó en Europa, sino en Cartago.

Sus padres vivían en esa zona cuando se casaron. Luego la familia se trasladó a Paraíso de Cartago, donde también transcurrió buena parte de su vida. Sin embargo, uno de los lugares que más marcaron su infancia fue el potrero donde trabajaban sus abuelos paternos, en Taras.

Su abuelo, Jorge Carpio, se dedicó toda la vida a vender leche y su abuela, Rosa Gutiérrez, fue una de las personas que ayudó a criarla mientras su madre trabajaba como maestra.

“Yo me crié con mis abuelitos paternos. Mi mamá es maestra y ellos me cuidaban mientras ella trabajaba. Mi abuelito toda la vida se ha dedicado a vender leche. Yo me crié en un potrero entre vacas, vendiendo chayotetes, tortillas, quesos y natillas”.

Esa vida sencilla, lejos de cualquier lujo, es hoy uno de los recuerdos que más la emocionan.

“Mi mamá siempre dice que nosotros no somos pobres porque siempre hemos tenido que comer, pero tampoco venimos de una familia acomodada. Yo nunca pensé que algún día iba a estar en Europa”.

Durante muchos años, Sofía construyó su vida en Costa Rica. A los 18 años se convirtió en madre soltera y desde entonces sacó adelante a su hijo prácticamente sola.

Hoy su hijo tiene 22 años y continúa en Costa Rica estudiando inglés en el Instituto Tecnológico de Costa Rica. Pero la vida de Sofía cambió hace algunos años por una historia de amor que empezó de una forma muy particular.

Conoció a su esposo a través de una aplicación utilizada para aprender idiomas.

“Ahí uno puede practicar con personas de otros países o pagar por profesores. Uno escoge temas de interés y nosotros escogimos comida, porque los dos somos chefs”.

Las conversaciones sobre gastronomía se transformaron en amistad, luego en relación y finalmente en matrimonio. Su esposo es italiano, aunque vive en Inglaterra.

Después de varios años juntos, Sofía tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar Costa Rica.

Fue en abril del 2023 cuando se subió a un avión rumbo a Europa. “Yo no sé cómo me subí en ese avión. Toda mi familia fue a despedirme al aeropuerto y ese día fue una llorada terrible”.

Por un lado, la felicidad de empezar una vida junto a su esposo. Por otro, el dolor de dejar atrás a su familia y su amado Cartago.

“Una parte de mi corazón estaba feliz porque por fin iba a estar con mi esposo, pero la otra parte estaba triste porque dejaba a mi familia, que es lo más importante para mí”.

Incluso su propio hijo decidió quedarse en Costa Rica para continuar su vida.

“Cuando yo estaba haciendo los papeles para venirme, él me dijo que se quería quedar con mi mamá. Ya es grande, tenía su novia, trabajaba, y entonces yo tomé la decisión de irme”. Los primeros meses en Inglaterra no fueron fáciles. La nostalgia la acompañaba todos los días.

“Al principio lloraba todos los días. Fue muy duro”. Pero poco a poco empezó a adaptarse a su nueva vida.

“Ahora ya me he acostumbrado y el otro día le decía a mi esposo que ya empecé a llamar a este lugar mi hogar. Pero hay días en que yo quiero estar en Cartago”.

Como ocurre con muchos migrantes, el camino laboral comenzó desde abajo. A pesar de su experiencia en cocina, el idioma representaba un obstáculo.

“El inglés aquí es otra cosa. Yo pensaba que entendía, porque en Costa Rica uno habla con turistas y se defiende, pero aquí los acentos son muy distintos y al principio yo no entendía nada”.

Su primer trabajo fue lavando platos en un restaurante. Luego consiguió empleo en una cafetería y con el tiempo logró entrar al lugar donde trabaja actualmente.

“Ya tengo un año y medio trabajando ahí. Empecé como asistente del chef”. Ese momento marcaría un giro en su historia.

El restaurante quería cambiar su menú por uno con sabores más internacionales, y Sofía vio en esa decisión una oportunidad. “Yo dije: esta es mi oportunidad”.

En la cocina trabajaban chefs de diferentes países, entre ellos uno de origen nigeriano. Sofía empezó a proponer ideas inspiradas en la cocina latinoamericana.

“Yo decía: ¿por qué no hacemos el guacamole así? En mi país lo hacemos de esta manera”.

Cuando finalmente su jefe le dio la oportunidad de presentar un menú nuevo, Sofía puso toda su pasión en el proyecto.

“Yo siempre digo que mi lenguaje del amor es cocinar para los demás”.

El día de la presentación final fue uno de los más importantes de su carrera. “Mi jefe me dijo: Sofía, esta es la mejor presentación de menú que hemos tenido”.

Desde mediados del año pasado el restaurante trabaja con ese menú latinoamericano que ella diseñó. Y el resultado ha sido todo un éxito: “Vendemos muchísimo”.

El restaurante está ubicado frente al English National Ballet, en Londres y además de la cocina diaria, en ocasiones Sofía participa en eventos especiales y catering.

Uno de los momentos que más la sorprendió fue cuando cocinaron para niños actores de Disney que estaban ensayando en el ballet.

“A veces yo me pongo a pensar y digo: este es el sueño de las oraciones respondidas de mi abuelita y de mi mamá”.

Su ascenso fue rápido. Hoy Sofía es jefa de cocina en ese lugar y, aunque no se considera una mujer millonaria, sí se siente realizada.

“A veces me da vergüenza decir que soy exitosa, porque la gente cree que el éxito es tener mucho dinero. Yo no tengo mucho dinero, pero me siento realizada como mujer y como profesional”.

Gracias a su trabajo, incluso ahora ayuda económicamente a su hijo en Costa Rica. “Él está estudiando inglés en el Tecnológico y todos esos gastos salen de mi salario. En Costa Rica yo no podría pagarlos”.

Entre sus sueños está algún día abrir un pequeño negocio propio en Londres. Le gustaría tener un food truck y vender uno de los platos que más ama preparar: Arroz con pollo.

“Aquí cuando lo hago en el restaurante me preguntan cuándo voy a volver a hacer ese arroz que sabe a sopa de pollo”, dice entre risas.

“Yo no me ofendo, porque es como ellos lo relacionan”.

Sueña con tener un carrito de comida que se llame “Pura Vida”. Pero mientras ese día llega, sigue construyendo su camino en Londres.

Para poder permanecer en el país debe renovar su visa periódicamente, lo que implica incluso presentar exámenes de inglés cada vez más avanzados.

A pesar de todo lo que ha logrado, hay cosas que sigue extrañando profundamente.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le hace falta de Cartago, responde sin pensarlo demasiado.

“Mi familia. Mi hijo. Mis abuelos”. También la comida.

Y algo que, según dice, es imposible de encontrar en Europa. El calor humano de los ticos.

“Aquí no tengo eso. Allá uno llega donde la abuelita y las señoras lo abrazan, lo bendicen, le preguntan por todo el mundo”.

Los recuerdos de Cartago siguen muy vivos.

Hace poco hablaba con su abuelo y ya planeaba lo que hará cuando vuelva.“Le dije: apenas vaya vamos al mercado a comernos una crema con helado y un sándwich de mano de piedra”.

También sueña con un copo de los que venden cerca de la Basílica. Y con algo tan simple como una papaya madura o un fresco natural.

“Aquí la fruta no tiene el mismo sabor. Todo viene congelado. Yo quiero un buen fresco de cas”.

A miles de kilómetros de distancia, Sofía Carpio Leiva sigue llevando dentro de sí las raíces de Taras, Paraíso y Cartago.

La niña que creció entre potreros y vendiendo productos de la lechería familiar hoy cocina en una de las ciudades más importantes del mundo.

Y cada plato que prepara tiene algo de ese lugar del que nunca se ha ido del todo.

— AM Prensa · https://www.amprensa.com/2026/03/de-una-lecheria-de-taras-a-chef-en-londres-la-historia-de-una-cartaginesa-que-cruzo-el-oceano-para-cumplir-suenos
