Imagen con fines ilustrativos
Por Fabián Meza, periodista.

No debe ser cómodo estar en los zapatos de cualquiera de los miembros del equipo de comunicación del Presidente Solís, en estos tiempos de crisis fiscal.

Lo que era inevitable, el anuncio, en media Romería, de la falta de liquidez del Gobierno, propiciada por un gasto excesivo como principal factor, trae consigo una crisis de comunicación que, desde el minuto uno, ha comenzado a generar menoscabo en la imagen de don Luis Guillermo, la cual venía repuntando por tres eventos puntuales: la atención ante el paso del Huracán Otto, la construcción, por fin, del puente de La Platina y la comida de avispa que le dio la vuelta al mundo (si quiere, puede sumarle un bonus: los pasos de tango en la inauguración del FIA).

Lo cierto es que, después de la cadena nacional y las amenazas que pronunció el Mandatario como consecuencias de un problema tan añejo como me lo permite la memoria, estamos, oficialmente, en crisis.

El problema que se le plantea al equipo de comunicación de Casa Presidencial y al propio Mandatario es cuál va a ser el camino a tomar para enfrentar este dilema, pues, a mi manera de verlo, todos los senderos posibles conducen a distintos callejones sin salida.

Por un lado, la revisión del programa macroeconómico 2017-2018 que presentó, el sábado anterior, el Banco Central (se puede ver en este link: http://www.bccr.fi.cr/publicaciones/politica_monetaria_inflacion/RevisionPM2017-2018.pdf) hace imposible que el Gobierno utilice de escudo, para blindarse contra los ataques que lo señalan como el disparador de la crisis, atribuirle el problema a las administraciones anteriores, por dos razones: la deuda del sector público global es la más alta (62%) de los últimos diez años (en el 2008 era del 38%) y la brecha entre ingreso y gasto es la más dispar, también, de la década, con una diferencia de más de mil millones de colones entre lo que se recibe y lo que se gasta –o invierte, llámelo como quiera-.

Si tratan de ir por el camino de endilgarle las culpas a Arias y a Chinchilla, el muro que encontrarán, al final de la calle, es impasable: este Gobierno es el que más ha gastado –o invertido, insisto- y no se ven resultados concretos en cuanto a la eficacia en la recaudación fiscal, por tanto, los números, por lo menos a nivel macro, dicen que, entre todos los responsables, el mayor de ellos es de apellidos Solís Rivera.

Por otro lado, si pretenden tomar la vía –o vieja y recurrente excusa- de la ingobernabilidad y la responsabilidad de la Asamblea Legislativa, donde tienen una bancada de 13 diputados, la pared no es menor. Desde 2015, el Ejecutivo presentó un proyecto de plan fiscal para aumentar en un 2% del Producto Interno Bruto la recaudación tributaria; no lograron aprobarlo; fue desconvocado en enero de este año. No alcanzaron acuerdo alguno, pero, no solo eso, recordemos la postura del Presidente, cuando fue electo, señaló que iba a esperar dos años para solicitar más impuestos. Dos años, la mitad de su mandato, que, hoy, pasan cara factura y lo tienen parado en frente del sendero en que los caminos se bifurcan sin saber cuál dirección tomar.

Don Luis Guillermo desaprovechó el momento de gracia, los primeros meses, en los que incluso tenía la Presidencia del Congreso en el diputado Henry Mora, para ponerse serio, sacar adelante un tema pendiente: el plan fiscal y demostrar liderazgo y fortaleza política. Lástima.

¿Qué sigue, entonces, desde el punto de vista de la comunicación política para el primer ciudadano de nuestro país? Hablar claro o callar. La segunda opción, siempre, es más efectiva si quiere tratar de sostener, irresponsablemente, los puntos que ha ganado su imagen, por ende, la del partido de Gobierno y su delfín. La estrategia podría ir encaminada a nombrar un vocero en el tema de la crisis, como por ejemplo el Vicepresidente y Ministro de Hacienda, don Helio Fallas y dedicar él, los últimos meses, a cortar cintas, como las de los centros cívicos que construyó el Ministerio de Justicia con el dinero de las cárceles, están listos y no han sido inaugurados, impulsando así la campaña presidencial de su ex ministro de Trabajo, don Carlos Alvarado Quesada.

Y, ahí, es donde viene lo hondo de la crisis para este Gobierno y para el Partido Acción Ciudadana, pues se da en el inicio de la campaña política para las elecciones de 2018, esto hace que la decisión acerca de la estrategia en comunicación en tiempos de crisis se ponga cuesta arriba y los golpee aún más. Los candidatos van a utilizar los árboles caídos de la falta de firmeza del Gobierno para enfrentar el asunto fiscal, el gasto desmedido de la Administración Solís y la poca recaudación de impuestos para hacer leña y llevarla a sus hogueras. El mayor damnificado de toda esta contienda, además del pueblo, será el candidato oficialista que, como slogan, dice ser la continuidad del cambio.

Este panorama de tiempos de crisis plantea otro sendero que se bifurca. Hace que los candidatos se comprometan a solucionar la grave crisis fiscal -no les queda de otra-, pero, a la vez, tal situación de riesgo en las finanzas públicas crea el clima ideal para implementar las medidas neo liberales que ciertos organismos extranjeros quieren recetarle a Costa Rica, desde hace años.

Lo que ni siquiera me pasa por la mente es creer que se esté fabricando un conflicto para resolverlo, al final del año, y fabricar falsos héroes y salvadores que den un alto capital político al Presidente y su partido. Suponer algo así es de mal pensados y conspiradores.